Que las Farc y el Gobierno no tengan cartas ocultas
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO.COM
Quizás esté terminando uno de los hechos más insólitos del conflicto colombiano. Las Farc habían anunciado desde abril que liberarían unilateralmente al cabo Pablo Emilio Moncayo y al soldado Josué Daniel Calvo. También que entregarían los restos del mayor Julián Ernesto Guevara. Pero el gobierno del presidente Uribe se había negado a recibirlos.
No tengo noticia de una situación parecida en algún lugar del planeta. Un Gobierno que se negaba a que unos secuestrados fueran liberados. Más insólito aún: buena parte de la opinión pública lo acompañaba en esta actitud.
El argumento para esta extraña posición era: “no podemos permitir una liberación a cuentagotas, tienen que anunciar un plan para liberarlos a todos”.
Obviamente el deseo de los colombianos es que liberen a todos los secuestrados. Pero convertir este deseo justo e inapelable en una condición para no recibir a una parte de ellos, solo puede ocurrir en un país deshumanizado como el nuestro.
Ahora, al parecer, el Gobierno ha cambiado de opinión. Ha dicho que autoriza a la comisión integrada por un prelado de la Iglesia Católica, la Cruz Roja Internacional y la senadora Piedad Córdoba para que acudan a recibir a los secuestrados en las montañas sin más condiciones.
Lo ha hecho en un momento en el que circulaban rumores de que el Cabo Pablo Emilio Moncayo se había fugado de las Farc y en días en que el Alto Comisionado de Paz, Frank Pearl, viajaba a España a participar en un gran foro sobre ley de Justicia y Paz.
Esta situación ha despertado suspicacias en la senadora Córdoba -la única llave para acceder a las Farc- quien ha dicho que no se prestará para engaños. En su equipo temen que algo le haya pasado el cabo Moncayo y a eso se deba el cambio de actitud del Gobierno o piensan que puede ser también un anuncio momentáneo para ganar puntos en la comunidad internacional.
Los familiares cruzan los dedos para que la buena noticia no tenga ninguna otra motivación que cumplir con un sencillo precepto humanitario: facilitar que unas personas que han estado en cautiverio por largo tiempo regresen sanos y salvos a sus hogares y también que la familia del mayor Guevara pueda darle sepultura a su ser querido.
Espantemos los fantasmas de la conspiración y pensemos que esta vez ni las Farc ni el Gobierno tienen informaciones trágicas que la opinión pública no conoce y tampoco abrigan segundas intenciones.
En ese caso se debería proceder con la mayor diligencia para que la liberación se pudiera efectuar antes de que llegue la Navidad y las familias pudieran disfrutar de este regalo de fin de año.
Se debería igualmente pensar en ir más allá de estas liberaciones puntuales y poner en marcha un verdadero mecanismo de intercambio humanitario para que todos los secuestrados y prisioneros de guerra queden libres al empezar el año próximo.
Si las liberaciones de Moncayo y Calvo resultan exitosas, se habrá demostrado que existe un mecanismo fácil y seguro para liberar a los secuestrados en manos de las Farc. Sólo restaría encontrar un mecanismo legal para liberar a algunos presos de las Farc y cerrar este amargo capítulo del conflicto armado.
Si el Gobierno accede, como lo ha hecho en otras oportunidades, a considerar algunas limitadas exigencias de las Farc, podremos ver si es verdad que Alfonso Cano está dispuesto a dar pasos serios en la humanización de la guerra y en la búsqueda de la paz como aseguran personas que han tenido acceso a sus declaraciones.
Pero aunque sólo se produzcan estas liberaciones, aunque los acercamientos no avancen hacia un intercambio humanitario o hacia negociaciones de paz, la posibilidad de salvar del cautiverio a dos servidores públicos y aliviar un poco el dolor de la familia del mayor Guevara es un gran acontecimiento.
Quizás actos como éstos sirvan también para que el país empiece a superar la gran indiferencia que está mostrando ante la suerte de los soldados y policías que quedan en las montañas después de la “Operación Jaque” que liberó a los secuestrados de mayor renombre.


