COMPROMISO CIUDADANO POR COLOMBIA.

AGUSTIN ANGARITA LEZAMA *
Colombia, a mi juicio, no es un país violento por naturaleza. Lo que ocurre es que en la manera de resolver los conflictos se han privilegiado los caminos que conducen a la violencia. La forma como entendemos nuestra relación con los demás no pasa por escuchar al otro, por reflexionar sobre si es posible que tenga razón, sino la de buscar imponer nuestro punto de vista. En pocas palabras, nos escuchamos nosotros mismos pero no a los demás y queremos imponer nuestra voluntad por encima de todo. Esto genera violencia.
El Estado fue inventado, entre otras cosas, para ser el tercero imparcial en cualquier disputa. Debería ser el mediador en los conflictos. La justicia sería el derecho y el servicio público indispensable para preservar la convivencia pacífica. No obstante, en este país, la justicia no sólo cojea, sino que en algunos casos parece paralítica y en otros atleta de pergaminos. La justicia como tal opera mal. Favorece a unos pocos y les da la espalda a multitudes. La impunidad campea, los jueces venales abundan y la injusticia genera violencia.
Dirigir comunidades, proponer salidas a los problemas, innovar soluciones, crear caminos de progreso, son tareas de la política. Su esencia, si se la mira bien, es social, es colectiva. Pero si existe una instancia en la que no creen los colombianos, es la política, y lógicamente, en los que la ejercen, los políticos. Estos, en su mayoría, se han dedicado a buscar provecho personal, beneficios individuales, no importa si tienen que acudir a la corrupción, el engaño y la mentira. La política, al perder su sentido social, su responsabilidad colectiva, se convierte en generadora de indiferencia, apatía y violencia.
La paz, que tanta falta nos hace, no se decreta, se construye. Se necesita pensar en una educación de nuevo tipo, que enseñe a sumar, leer y lo necesario para comprender y vivir el mundo. Pero que también nos enseñe a respetar, a reconocer e incluir al otro o la otra, a entender que la presencia del otro o de la otra me posibilita y que su ausencia me debilita. La educación pasa por la construcción y dotación de aulas, bibliotecas, polideportivos y centros de investigación, pero que no se queda allí, es la columna vertebral de la convivencia. Invertir en educación, a todos sus niveles, es invertir en la paz.
La ausencia del Estado es disculpa para la violencia. Construir paz es fortalecer el Estado, asunto que no se reduce a aumentar y apertrechar el pie de fuerza. La paz se escribe con hospitales adecuadamente dotados, con empleados bien pagos convencidos de su responsabilidad humana; con policías y soldados responsables y respetuosos de la dignidad humana; con una justicia eficiente; con una inversión en lo social justa y para beneficio colectivo; con asistencia técnica para los campesinos y trabajadores del agro; con salarios justos; con transparencia en el manejo de los recursos públicos; con equidad de géneros, con respeto ambiental.
La política es muy importante para dejarla en manos de personas inescrupulosas. En la política se necesitan personas que escuchen, creativas, preparadas, respetuosas, serias, comprometidas con lo social. Lo de honradas y responsables se debe dar por descontado. Hay, entonces, que rehacer la política. Hay que refundarla. Se requiere una política que incluya, que respete al diferente, que esté dispuesta a dialogar por difícil que sea una situación, que cierre caminos a salidas violentas, que enarbole la bandera de la vida por encima de todas las insignias, que se comprometa con el desarrollo a escala de la gente, para la gente y con la gente. Esto es apostarle a la paz en serio.
¿Pero estas son cosas de ensueño, una utopía imposible realizar? No. Si reunimos voluntades y juntamos esperanzas lo podremos realizar. Compromiso Ciudadano por Colombia, encarna generosamente esta propuesta y más. Sergio Fajardo viene caminando por el país, haciendo esta apuesta de participación y de noviolencia. Fajardo representa un compromiso renovador, fresco y responsable para refundar la política, recuperar el estado, fortalecer la educación y la justicia, ampliar la seguridad y construir la paz. Fajardo es el Presidente que se necesita para que volvamos a creer.
* Médico cirujano. Magíster en ciencias políticas. Profesor universitario.


