VALORES Y LECCIONES DE URBANIDAD
AGUSTIN ANGARITA LEZAMA *
Por muchas partes, además de los medios educativos, se escucha decir con insistencia que se acabaron los valores, que la crisis de la sociedad es una crisis de valores, que todo tiempo pasado fue mejor, y cosas por el estilo. No faltó quien creyera que el problema se solucionaría reincorporando al currículo escolar el “Manual de Urbanidad y buenas maneras para el uso de la juventud de ambos sexos” escrito en 1853 por el pedagogo, político y músico venezolano, Manuel Antonio Carreño. Este manual establecía las reglas de civilidad y etiqueta para observar en diversas situaciones sociales.
Se olvidan los que lanzan estos alaridos que los valores son históricos, que cada sociedad construye para su tiempo y su espacio los valores que necesita. Los que conozcan la historia romana de la “patria potestad” sabrán que el padre tenía derecho a decidir sobre la vida (y la muerte) de sus hijos. Ahora pensamos distinto. Si se lee la Biblia y se la aplica al píe de la letra tendríamos que vender hermanas como esclavas como reza Éxodo 21:7; tener esclavos extranjeros como lo manda Levítico 25:44; o matar a los que trabajen los sábados como está establecido en Éxodo 35:2. Eran mandatos y creencias de otros tiempos. Afortunadamente esos valores ya no están vigentes.
El cantante Joan Manuel Serrat, con esa agudeza que lo caracteriza, hace unos años escribió una canción, que hizo parte de su premonitorio álbum “Bienaventurados”. Y su letra calza perfecto con los que están convencidos que dando lecciones de urbanidad se salva el país.
Serrat recomienda cultivar, por encima de todo, las buenas maneras para ocultar los malos ejemplos y cubrir los bajos instintos. El cantaautor catalán, con ironía, invita a asumir la urbanidad como modelo de ciudadanía. Propone mostrarnos en público, cordiales, atentos, considerados, corteses, educados, puntuales y serviciales. Esto permite engalanar la boñiga para cuando la embarremos.
Es bueno que usted tenga una sonrisa a flor de labios cuando esté hablando mal de la gente. Y que “reparta malas noticias envueltas para regalo”. Si va a dañar el mundo, dígalo cargado de flores. Y las sentencias de muerte fírmelas con buena letra. Invoque siempre a Dios, para ponerlo como testigo de todos sus actos, incluyendo sus mentiras, engaños y bellaquerías. Mienta con convencimiento. De órdenes con suavidad. No olvide que sus entrañas no son visibles, y que una buena cara y un buen vestido las disimulan para su propio beneficio.
Con buena urbanidad, usted puede esconder sus pecados y posar de noble, culto y de gran importancia. Los buenos modales le permiten ser corrupto, tramposo, mentiroso, cínico, abusador, sin que nadie se de cuenta. Además, podrá insultar con educación, robar con delicadeza, asesinar limpia e impunemente y engatusar con altura y distinción.
Finalmente, Serrat con sus “Lecciones de urbanidad”, ridiculiza a los que calumnian sin sonrojarse, a los que roban con delicadeza, traicionan con elegancia y embadurnan su inmundicia con el exquisito perfume de la etiqueta y los buenos modales.
Los principios morales que enarbola la religión católica, de no robar, no matar, no mentir, no jurar en vano, etc., escritos en los diez mandamientos, en la práctica son palabra muerta, que muchos con mirada humilde y gestos devotos repiten pero que no aplican. Están convencidos de pecar, y que rezando quedan libres de toda culpa. Como lo dice la gente: el que peca y reza empata. El valor, entonces, no es ser honrado sino robar sin ser descubierto. Sería otro valor robar legalmente. Estos serían los nuevos valores de nuestra época. ¿Será que los que los practican si tienen perdón de Dios?
* Médico cirujano, magíster en Ciencia política, profesor Universidad del Tolima.


