‘Conejazo’ a Petro

RODRIGO PARDO
Tomado de la revista CAMBIO.COM

Los ‘robledos’ del Polo están empeñados en frustrar la modernización que pidieron los electores en la consulta popular.

A Gustavo Petro le están poniendo ‘conejo’ sus compañeros del Polo. Lo lógico, después de su triunfo inesperado y contundente en la consulta interna, habría sido que le entregaran las llaves del Partido. Era lo justo, por las connotaciones que tuvo la competencia de un David contra un Goliat, y lo conveniente desde el punto de vista de los intereses colectivos. Pero la profunda división y el radicalismo están a punto de transformar una gran oportunidad en el largo plazo en un paso más e inmediato hacia el abismo.

Hace cuatro años, en la elección interna del candidato, Carlos Gaviria derrotó a Antonio Navarro y hace tres, en la escogencia del abanderado para la Alcaldía de Bogotá, Samuel Moreno venció a María Emma Mejía. En ambos casos, Navarro y Mejía no solo aceptaron la realidad de la derrota sino que ayudaron a los vencedores y contribuyeron, cargando las respectivas maletas, a que Gaviria alcanzara la votación más alta de la izquierda en la historia de Colombia y a que el Polo mantuviera el poder en la capital. Situaciones, ambas, muy positivas desde el punto de vista de la construcción de una democracia a la que siempre le ha faltado una izquierda y que ahora está amenazada por la segunda reelección de Álvaro Uribe y sus previsibles consecuencias: debilitamiento del pluralismo, marchitamiento de la oposición y una hegemonía con pensamiento único.

Pero las directivas del Polo no se han dado cuenta de que les corresponde —y les conviene— cerrar filas en torno de Petro. Los radicales, los que vienen de grupos mamertos y dogmáticos como el MOIR y el PC, se arrancharon en trincheras construidas con las mayorías de antes, previas a la consulta interna, y tras el retiro resignado de Gaviria se trenzaron en una feroz batalla para conservar la presidencia para su círculo. Ni siquiera han aceptado alternativas de conciliación: quieren todo el poder para los perdedores y su pugnacidad alejó a opciones —María Emma Mejía, ‘Lucho’ Garzón, el propio Navarro—, que podrían hacer un aporte a la conciliación y a la unidad. La significativa victoria de Petro ocurrió hace más de un mes pero su campaña no se ha sentido porque está prisionero de las luchas intestinas.

La actitud de los dogmáticos es miope. En una campaña lánguida, en la que todos los caminos conducen a la reelección y la hacen predecible, Petro podría poner una atractiva dosis de color que, incluso con una derrota, sería una inversión hacia el futuro. El candidato tiene condiciones para patear un tablero que no anticipa buenos tiempos para el Polo. En la consulta interna, las bases del Partido expresaron que quieren una nueva dirección, un relevo generacional, y una izquierda competitiva. Desconocer un mandato popular puede tener costos muy altos que serán pagados en las elecciones del próximo año.

A Petro le ha faltado firmeza para hacer valer sus votos. En el proceso perdió el impulso que le había dado el inesperado triunfo en la consulta. Después de un pulso desgastador optó por una fórmula ambigua que llevaría a Carlos Bula a la presidencia —concesión a Gaviria— y a Gloria Flórez, simpatizante petrista, a la secretaría del Partido. Y si el candidato falló por conciliador, a sus copartidarios de la otra orilla se les ha ido la mano en rigidez. Los ‘robledos’ de la colectividad, desde su posición dogmática, consideran a Petro entreguista, uribista, derechista y hasta religioso. Y los ‘dussanes’ no meten mano en la pelea porque tienen los ojos anclados en la nómina del Distrito, que es lo único que les interesa.

El panorama refleja un auténtico harakiri: los electores abrieron las puertas a una modernización que le daría mayor competitividad al Polo y le haría mucho bien a la democracia, pero los dirigentes del sector radical están empeñados en mantenerlas cerradas.



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