El triunfo tupamaro en Uruguay
LEON VALENCIA
Tomado de EL TIEMPO.COM

Dijo José Mujica en entrevista que publicó este diario el domingo pasado ‘Por las armas no llegábamos a la tierra prometida’. Las verdaderas transiciones de las dictaduras a las democracias o de las guerras a la paz producen estas frases y estas realidades.
Un ex guerrillero que reconoce que la vía democrática es más eficaz que la armada. Una sociedad -quizás la de mayor cultura política de todo el continente- que le da una abrumadora mayoría de votos sobre su inmediato rival, el candidato del Partido Blanco, Luis Alberto Lacalle, en la primera vuelta de las elecciones uruguayas.
Conocí a Pepe Mujica en el año 2003 en su oficina del Congreso. Hablamos largo sobre su vida. Sobre su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro. Sobre su penoso cautiverio en las cárceles de la dictadura. Pero hablamos especialmente del futuro de la izquierda uruguaya.
Me dijo que la izquierda tenía ya la hegemonía cultural del país y muy pronto tendría unas mayorías políticas estables e indiscutibles. Basaba su afirmación en un cálculo sencillo: de cada tres jóvenes que entraban al censo electoral dos le votaban a la izquierda.
Me explicaba el fenómeno. La izquierda se enfrentó a la dictadura con toda la decisión, con el mayor coraje, con la más grande cuota de sacrificio y esta es una historia que atrae a la juventud. Me decía que una agrupación política que tuviese una gesta heroica para contarles a los jóvenes era imbatible.
No tenían sólo un pasado heroico. Estaban afrontando el presente con una generosidad y un realismo enormes. Habían construido el Frente Amplio, una coalición de izquierdas con un acendrado espíritu unitario, donde llevaban la batuta los grupos moderados. Tenían un programa de reformas graduales para un país que tuvo, desde principios del siglo veinte, los mayores adelantos en seguridad social y en pluralismo político del Cono Sur.
En aquellos días, Pepe había generado ya una ola de simpatía entre los uruguayos con su forma irreverente de hacer política. Vivía en una pequeña estancia cerca de Montevideo, donde se dedicaba a cultivar hortalizas y frutas, llegaba a las sesiones del Congreso en una moto y hablaba con un desparpajo y una franqueza poco común en un país melancólico y especialmente contenido en el lenguaje.
El candidato del Frente Amplio en ese entonces era Tabaré Vásquez, un médico oncólogo, sin un pasado de izquierda, que hacía pocos años había dado la sorpresa de ganar la alcaldía de Montevideo para abrir con ello las puertas a las nuevas fuerzas políticas del Uruguay.
Tabaré ganó la presidencia y por lo visto lo ha hecho muy bien porque sale con un sesenta por ciento de aceptación y ha logrado que Pepe Mujica, venido de las entrañas de la guerrilla, esté a punto de reemplazarlo en el poder.
Cuando volví a Montevideo, José Mujica era ministro de Ganadería y su gran hazaña había sido convencer a los frigoríficos de que le bajaran el precio al asado de tira, el más popular de los cortes de carne en el sur. En algún expendio lo anunciaban como “el asado de Pepe”.
Ahora se apresta a ganar la segunda vuelta. Será otra señal de que las cosas están cambiando de verdad en América y estas sociedades han entrado con decisión en una época de transición democrática.
Esta experiencia se agregará a la que viven El Salvador, donde gobierna el Frente Farabundo Martí, y Brasil, donde gobierna un obrero forjado en la protesta social y en la organización sindical.
Importante lección para Colombia, donde tenemos a la par una derecha intransigente que se aferra al poder acudiendo no pocas veces a la violencia ilegal, una guerrilla que aún cree que por las armas se llega a la tierra prometida y una izquierda enredada en mezquindades y pequeñas disputas.
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León Valencia


