¡Que renuncie!
CARLOS HUMBERTO ISAZA
Tomado de: La Tarde
Hasta ahora no conozco a nadie, perteneciente a los círculos generadores de opinión de Pereira, que esté a gusto con la gestión del alcalde Israel Londoño. Los editorialistas de la prensa regional, los columnistas, los dirigentes gremiales serios, los líderes políticos independientes del presupuesto oficial, todos a una -como en Fuenteovejuna-, se lamentan a diario de la funesta administración que le correspondió en suerte a la ciudad, durante el cuatrienio que transcurre.
Del alcalde Londoño se dice que es buena persona. Eufemismo utilizado para no calificar a las cosas por su nombre. Pero todos sabemos que es una forma liviana de llamar la incompetencia. Ser buena persona es un atributo ordinariamente connatural a la condición humana; no serlo es la excepción. Pero ese solo atributo no hace a nadie un buenos administrador. Para gobernar se requiere, entre otras cualidades, de una especial sensibilidad social, de unas dotes ejecutivas a toda prueba y de una capacidad de anticiparse a los retos que demandan las sociedades cada día.
Un buen alcalde no se forja en medio la batahola cotidiana que lo compromete exclusivamente con la atención de los compromisos derivados de la politiquería. Veintidós meses son más que suficientes para tener una clara calificación de lo que el alcalde es capaz de hacer por la ciudad. Hasta ahora ese balance es precario. Sus realizaciones lánguidas y su imagen negativa. Desafortunadamente las consecuencias de una mala gestión administrativa tienen una repercusión muy prolongada en el futuro de una comunidad. No estamos en condiciones de darnos esos gustos, ni para ser complacientes con una gestión que, a todas luces, se muestra como un ‘frenazo’ en la evolución de la ciudad. Máxime cuando todas las voces autorizadas nos dicen repetidamente que nos estamos quedando atrás de ciudades como Armenia y Manizales, con las que mantenemos una amigable pero sentida disputa por el liderazgo regional.
Es preciso actuar con serenidad pero con decisión. Tengo la certeza de que si algo puede contribuir a enderezar los entuertos y a revertir las graves tendencias que hoy padece la ciudad, es que el alcalde, reconozca el fracaso de su gestión y la incapacidad de su equipo de gobierno, para conducir hacia buen puerto a una ciudad como la nuestra. Su renuncia voluntaria sería más provechosa para la ciudad que una permanencia insulsa e improductiva al frente de un cargo que demanda unas capacidades que él, definitivamente no posee. Los pereiranos veríamos con muy buenos ojos su retiro del cargo para permitir que alguien, con un sentido probo de la administración y del gobierno, asumiera las responsabilidades que en sus manos han quedado abandonadas.
Sería mucho mayor el reconocimiento ciudadano hacia la persona del Señor Londoño, si éste le evitara otros dos años de deterioro a la ciudad. Vale más ser reconocido por un acto de dignidad, que recordado por obstinarse en conservar una posición que solo ha servido para infligir un daño colectivo irreparable.



5 December, 2009 — Jorge arenas — Escribió
Definitivamente el alcalde es perverso. Vale la pena romover una revocatoria y cambiarlo por alguien menos politiquero