Rebelión en Tuluá

Al margen.
Por: Germán Patiño
Tomado de EL PAIS.COM

En la tarde del 9 de agosto de 1809 los miembros del Cabildo de Quito suscribieron un acuerdo para establecer una junta de gobierno, integrada por 36 miembros, escogidos entre los vecinos más notables de la ciudad y cuyo fin era gobernar en nombre del rey Fernando VII, prisionero de Napoleón.

Ese hecho le dio inicio al proceso independentista en la Nueva Granada, así no constituyera una declaración de independencia, porque rompía la unidad de mando en las colonias españolas y sentaba las bases para la creación de gobiernos autónomos. Un hecho fundamental para comprender nuestro propio proceso de Independencia.

Que, en un principio, no fue entendido por los hacendados vallecaucanos, pese a su ilustración y contactos, aun familiares, con los autonomistas de Quito. Joaquín de Caycedo y Cuero, por ejemplo, le escribió a su amigo payanés Santiago Pérez Arroyo lo siguiente: “Sólo un ruido tan espantoso como el de Quito pudo haberlo despertado a usted para acordarse de mi. Recibió en efecto, este cabildo (el de Cali), el oficio del señor Gobernador y actas de ese cabildo (el de Popayán), con que lo acompañó; y no olvide usted, que si allá han levantado el grito todos a una voz contra Quito, esa infame y rebelde ciudad, aquí no han sido menos leales los habitantes de ésta”.

Y concluyó diciendo que “por lo que respecta a mí, habiendo sido nombrado Capitán de la primera compañía, cumpliré mi deber y procederé con la actividad y honor de buen vasallo, amante de Fernando VII, de la integridad de la monarquía y de la patria (España)”.

Pero el pueblo raso vallecaucano sí comprendió el alcance de la rebelión de Quito. En especial los afrodescendientes que, sufriendo la condición de esclavos, tenían en alta estima el valor de la libertad. Y su respuesta, opuesta a la de los hacendados, que a la vez eran sus amos, no se hizo esperar.

El Centro de Historia de Tuluá ha sacado a la luz la narración de la rebelión autonomista en ese poblado, por la época dependiente de Buga. Lo que ellos nos cuentan es sorprendente: El 13 de septiembre de 1809, a un mes escaso de los acontecimientos de Quito, dos afrodescendientes, Manuel José Soto y Juan Francisco Castro, encabezaron un levantamiento popular en esa plaza pidiendo la abolición de la esclavitud, la abolición de los estancos y la “adhesión a la Junta de Quito”.

¡Extraordinario! Un mentís rotundo a toda la concepción elitista que tienen los historiadores tradicionales sobre nuestro proceso de Independencia. Un par de negros humildes, en un poblado al que los patricios bugueños le negaban la aspiración de convertirse en villa, iniciaron el proceso independentista, no sólo en el Valle, sino en territorio de Colombia. Pues esta declaración de la rebeldía tulueña es casi un año anterior a lo sucedido en Cartagena en junio de 1810, en Cali el 3 de julio, en Pamplona el 9 del mismo mes y en Santafé el 20 de julio.

A partir de ahora tendremos que enseñarles a los niños en las escuelas los nombres de Manuel José Soto y Juan Francisco Castro como pioneros de nuestro proceso de Independencia, resaltar el papel decisivo de las negritudes en esta revolución política y convertir a Tuluá en corazón de las celebraciones de aquellos magnos acontecimientos. Y a los nuevos historiadores, desde luego, les corresponde investigar en serio, en vez de seguir repitiendo como ventrilocuos viejas y falsas historias.

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