Comienza a clarificarse el escenario electoral
Alejo Vargas Velásquez*
Tomado de EL COLOMBIANO.COM
Se realizaron las consultas de los partidos políticos para escoger sus candidatos a la presidencia, en unos casos; a corporaciones públicas, en otros, y para elegir directivas regionales y locales. Esta es una expresión de la democracia participativa, una de las modalidades más importantes de las democracias modernas y que en nuestro caso fue consignada claramente en la Constitución de 1991, con mecanismos como el referendo, el plebiscito, la consulta, la iniciativa popular.
Para algunos, estas consultas son vistas como irrelevantes, porque el nivel de participación no fue el deseado, pero este es un argumento parcial; justamente la democracia participativa es la posibilidad que tiene el ciudadano de tomar parte en las decisiones públicas que lo afectan o lo pueden afectar, pero éste tiene la libertad de participar o no (en términos estrictos no participar es igualmente una opción de participación). Un conjunto de argumentos explican probablemente lo anterior: desconocimiento, indiferencia, poca credibilidad en los partidos, tesis más centradas en oponerse que en proponer. Tampoco es exacto afirmar que el tamaño electoral de cualquier partido lo miden las consultas, esto es sólo indicativo.
Los dos principales partidos de oposición, el Liberal y el Polo, escogieron sus candidatos presidenciales y la regla de oro de la democracia, el principio de mayorías y minorías, es que los perdedores aceptan el triunfo de los ganadores, no importa si son o no de sus afectos; en principio el veredicto de los electores es indiscutible. No es aceptable que los que perdieron pretendan seguir siendo los voceros de los partidos, pueden continuar con sus tesis pero como minorías.
En el liberalismo se escogió la candidatura presidencial de Rafael Pardo, un dirigente con una importante trayectoria en la administración pública y en el Legislativo y que expresa una tendencia socialdemócrata moderna, acorde con los tiempos actuales. El Polo escogió a Gustavo Petro, un destacado senador que ha dado importantes y serios debates de control político a lo largo de su carrera en el Congreso y que representa en el interior de este partido una opción de izquierda moderna, no dogmática, abierta a la convergencia y el diálogo con otros sectores más al centro del espectro político.
Porque lo real es que hoy ningún partido político por sí solo tiene la capacidad de ser mayoría electoral y menos de proponer una opción de triunfo frente al proyecto político que ha representado el uribismo -más allá de si va el Presidente Uribe a otra reelección o no-. El desafío que tienen las fuerzas de oposición es lograr una convergencia amplia, no para oponerse a Uribe, sino para proponerles a los colombianos una opción política alterna a la que representa el uribismo y que les permita a los electores escoger en el próximo debate presidencial y de Congreso. Una propuesta que incluya, además de la seguridad frente a todas las amenazas que afecten a los colombianos, colocar la generación de empleo -lo cual va ligado al estímulo a la inversión de capitales- en el centro de la prioridad y políticas para apoyar y estimular a los sectores más desfavorecidos y una política exterior que sin menoscabo de los intereses nacionales, busque apuntalar procesos de integración subregional.
La tarea que tienen los dos candidatos presidenciales es jalonar, junto con los candidatos y dirigentes de partidos como el Verde Opción Centro y el movimiento de Sergio Fajardo, las bases programáticas y procedimentales de esa gran convergencia que permita presentarles a los colombianos en los próximos comicios una opción política viable. En política es fundamental que los partidos y candidatos logren sintonizarse con las expectativas de los ciudadanos y esto en buena medida pasa por la capacidad de comunicar las propuestas, pero igualmente que los ciudadanos las vean realizables hoy y ahora.
*Profesor Universidad Nacional


