¿DISUADIR A QUIEN, MINISTRO?
Por Samuel Camargo Hidalgo.
Gabriel Silva Luján, actual Ministro de Defensa, reveló ante los senadores de la Comisión Segunda, tal vez sin permiso de sus superiores, la idea que entraña el convenio por el cual el se faculta al ejército norteamericano para desplegar siete de sus bases en cohabitación con siete bases militares colombianas: Adoptar una “doctrina de Disuasión creíble ante una posible o potencial agresión externa”. (¿Los blancos de ataque no eran, pues, el terrorismo y el narco?)
Disuasión es la palabra. Pero, ¿a quien se pretende disuadir? No a Rafael Correa, por supuesto, como quiera que ha manifestado la precariedad de sus fuerzas armadas y lo más importante, aceptó las disculpas de Uribe por haber ensayado en Ecuador la doctrina imperialista del ataque preventivo al bombardear el subrepticio campamento farciano de Raúl Reyes en Sucumbíos.
¿A Rafael Chávez, entonces? Chávez no maneja un guión contra Colombia. Otra es su mira desde luego que su gobierno no orbita en torno de Washington. Hay historia reciente: El acorazado nuclear Pedro el Grande maniobra en aguas de Venezuela, Chavez compra aviones Sukhoi, cien mil fusiles de asalto y suscribe un tratado de amistad con Vladimir Putin. Celebra contratos con China, entabla amistad con Corea del Norte, Libia, y países del Medio Oriente, apoya la resistencia palestina y manifiesta cercanía al presidente de Irán, Ahmadineyad, (con quien pactó un intercambio científico acerca del uso pacífico de la energía nuclear) todo lo cual mantiene a Obama con los pelos al estilo de Don King.
Porque el gobierno norteamericano percibe que ese activismo de Chávez en el sindicato antiyanqui podría afectar la seguridad de su país, item más si es Venezuela un importante proveedor petrolero de los Estados Unidos. No hay que olvidar que el Plan de Energía establece, desde el 79, que (traduzco) “como objetivo inmediato, el cual será igualmente importante en el futuro, la Nación debe reducir su dependencia del petróleo extranjero y su vulnerabilidad a interrupciones en el suministro”. (National Energy Plan II, may 1979). ¿No es sugestivo que en Irak los F16 arrasaran un patrimonio cultural de 4. 000 años de historia pero no tocaran un solo pozo?
De manera que cuando los poderosos C17 norteamericanos y los tímidos kfir colombianos ejerciten maniobras sobre el mar Caribe, monitoreados por la IV Flota, los aludidos no serán la guerrilla ni los los narcos. (No se emplean bombarderos en asuntos de orden público). Ahora podemos decirlo: Estados Unidos despliega bases militares en Colombia, con la aquiescencia del Presidente Uribe, para disuadir a Venezuela del propósito, en el que creen ciegamente, de convertirse en la segunda Cuba de América.
¿Que sucedería si, como es previsible, las bases militares no disuadan a Chavez de aunar esfuerzos internacionales en su estrategia antiimperialista? Basta recordar un pasaje de la Guerra Fría. Ante un hipotético ataque soviético a Europa, teorizaban los halcones, una respuesta nuclear norteamericana expondría su territorio a la retaliación. “¿Arriesgar Nueva York por defender Hamburgo?”, anotaban, y desplegarían entonces en Europa los llamados euromisiles de manera que la confrontación ocurriera en teatro europeo, no norteamericano.
De manera similar, ¿donde ocurriría una probable confrontación como resultado del contencioso entre Venezuela y Estados Unidos? ¿En ciudades de la Unión? ¿O más bien en América del Sur, con epicentro en Colombia que es donde residen las bases? Me pregunto si será por azar que el virus de la influenza armamentista haya contagiado a Lula Da Silva, que mira las bases como nos mira Correa. Bombarderos, submarinos, buques y helicópteros franceses, pronto formarán parte de su arsenal. Empero, no es la guerra un sino siniestro. Un relevo en el gobierno de este país ayudarìa mucho a desmontar la gran amenaza.


