A cruzar los dedos por Honduras

Leon Valencia
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO

Este lunes en la mañana algunos portales de internet traían la noticia de que las Fuerzas Armadas de Honduras apoyaban la propuesta que había hecho el presidente de Costa Rica Óscar Arias para restablecer la normalidad democrática en Honduras. Luego el general Romeo Vásquez, el mismo que encabezó el golpe contra Manuel Zelaya, le disminuyó importancia y contundencia al escueto comunicado que habían expedido los militares.

En todo caso es una buena señal que el poder militar en el país centroamericano dé muestras de apaciguamiento y comience a abrir las puertas para una salida negociada del duro litigio en que se encuentra la democracia hondureña.

El escenario de un acuerdo alrededor de lo planteado por el presidente Costarricense sería un hito histórico en el continente. América Latina ganaría otra batalla contra los golpes de mano y las persistentes rupturas del hilo constitucional; aumentaría la estatura de los mediadores, armados apenas de autoridad moral y buenas razones; crecería la autoestima y la confianza de la región para buscar salidas autónomas a nuestros propios problemas.

Algunos dirigentes políticos del país de manera abierta o solapada se han regocijado con el golpe militar que una noche sacó a Manuel Zelaya de la presidencia y lo expulsó del país. La razón: no les gusta Zelaya porque se ha alineado con otros mandatarios de izquierda de la región. También se hacen eco de las denuncias de los militares que acusaban a Zelaya de intentar su reelección saltándose preceptos constitucionales de la nación hondureña.

Debo decir que a mí tampoco me gusta el presidente Zelaya. Ni su pasado alejado de posturas progresistas y de izquierda, ni su actual pretensión de perpetuarse en el poder, me hacen mucha gracia. No veo en él a una persona comprometida con profundos cambios sociales y políticos a favor de las clases menos favorecidas. No veo en él a un renovador democrático y a un acendrado defensor de principios éticos.

Pero en los últimos 15 años de mi vida me he hecho a una profunda convicción: sólo el respeto al estado de derecho y la esmerada práctica de la democracia pueden sacar a nuestro país y a la región entera de los duros problemas que afrontamos. Ni triunfos guerrilleros, ni golpes militares, venga de donde vinieren, me atraen. Ese compromiso me aparta claramente de la derecha golpista, pero también me aleja de dirigentes de izquierda que no se atreven a criticar a fondo las aventuras armadas.

El asalto a media noche del palacio de gobierno y el desalojo de Zelaya del poder no tienen justificación alguna. No se puede tapar esto recurriendo a las diferencias que tenían con el proyecto reeleccionista. Para detener a quienes intentan transgredir la Constitución y las leyes sólo se puede recurrir a la presión ciudadana y la acción de la justicia.

La propuesta del presidente Arias logra el justo equilibrio de restablecer a Zelaya en el poder que le fue usurpado, pero al mismo tiempo limitar su mandato hasta una convocatoria inmediata de elecciones. Con esta fórmula se envía un mensaje a quienes se atreven a justificar los golpes militares por razones ideológicas, pero también a los que patrocinan la ruptura de las reglas democráticas mediante subterfugios y corruptelas para mantenerse en el poder.

Sería igualmente un símbolo de los avances civilistas del continente. Parece increíble que un país pequeño, sin ejército, y un presidente apoyado sólo en su tradición pacifista, puedan obtener semejante éxito en labores de mediación.

La región tiene ahora un espíritu más independiente y autónomo y unos mandatarios más dispuestos a jugársela toda para encontrar salidas propias a nuestros problemas. Se movieron ágilmente hace poco más de un año para tratar de solventar la crisis generada por la acción de Colombia en territorio ecuatoriano para dar de baja a Raúl Reyes y lo han hecho ahora para presionar una salida concertada al enfrentamiento al interior de Honduras.

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