El poder por el poder
Destilados amargos
Gustavo Duncan (*)
Tomado de EL PAIS.COM
Ya se sabe que el presidente Uribe va con todo para un nuevo mandato. Lo que aún se discute, en términos demasiado especulativos, son las razones de Uribe para persistir en la Presidencia. Y éste no es un asunto deleznable. Todo lo contrario, encarna una de las más graves amenazas que se le plantea a la democracia colombiana.
La oposición ha interpretado el pulso por un tercer período como un producto de los intereses más perversos. Dos tesis se especulan. La primera sostiene que Uribe quiere seguir para evitar ser juzgado por la Corte Penal Internacional. El mismo Presidente ayudó a inflar esta tesis, al afirmar ante sus aliados que teme una conspiración de la Justicia. Más allá de lo que pueda estar oculto ante la opinión, lo cierto es que hasta ahora Uribe no tiene mayores motivos para ser tratado como un Milosevic, un Hussein o un Charles Taylor. Salvo algunos testimonios y casos que involucran responsabilidad política pero no jurídica, no existen ni las acusaciones ni el material probatorio para condenarlo en un tribunal internacional. De hecho, es mayor el riesgo de ser solicitado por la Justicia debido a los eventuales excesos que cometa para mantenerse en el poder.
La segunda tesis es aún más maquiavélica, sostiene que Uribe no se va porque, en el momento que suelte el poder, la venganza de la mafia y los paramilitares sería implacable. Tampoco parece viable esta hipótesis. Muy seguramente lo que los extraditados tenían que contar desde Estados Unidos ya lo contaron y más temprano que tarde se sabrá. Por más que se encuentren amenazados sus parientes y sus propiedades, las razones para delatar o no a Uribe dependen de la naturaleza del castigo que se imponga en una cárcel norteamericana. Y eso es una decisión del sistema judicial de Estados Unidos: proteger a quienes se sienten traicionados, no del Gobierno colombiano. Si Uribe no ha sido presionado ahora que hay un mandatario como Obama, que no es amigo del tercer período, no parecen haber motivos para esperar que en el futuro vaya a tener que responder ante una venganza de los paramilitares y narcotraficantes extraditados.
El uribismo tampoco se queda atrás para dar una razón. Argumentar que sólo Uribe es capaz de continuar con la Seguridad Democrática es el despropósito más grande de un partido. Quiere decir que la colectividad política no tiene suficiente desarrollo institucional para manejar un país por fuera de un individuo. Y eso no es cierto. Aunque mucho menos populares, Vargas Lleras y Santos están en condiciones de continuar con las mismas políticas de Uribe sin mayores traumatismos.
El propio Uribe apela a razones poco creíbles: el fuego de su alma y el honor personal. Quizá eso tenga un efecto mediático para buscar aún mayor aceptación entre la opinión, pero no tiene mayor sensatez con la realidad.
En contra de los argumentos anteriores, creo que las razones están en un asunto más preocupante. Uribe se quiere quedar porque le seduce ‘el poder por el poder’. Lo que busca nuestro Presidente con otro período es simplemente seguir siendo Presidente. La Seguridad Democrática, la confianza inversionista y la cohesión social no son más que adornos para un proyecto personal de poder. Más grave es que con ese objetivo en mente cualquier transacción y medio son permitidos, incluyendo alianzas con otras figuras menos capaces pero igual de ambiciosas, que a toda costa quieren concentrar poder en contra de los presupuestos mínimos de alternancia y contrapesos de la democracia.
*Profesor de la Universidad de los Andes.









