No podemos quedarnos con los brazos cruzados

CARLOS HUMBERTO ISAZA
Tomado de LA TARDE.COM

Pereira, epicentro del Eje Cafetero y una de las ciudades más prósperas del País, actualmente ostenta dos deshonrosos títulos: Capital Mundial en Homicidios y Capital Nacional en Desempleo. La situación es crítica y no da espera. Hay que rescatar a la ciudad de las desgracias que la están carcomiendo, porque si no hacemos lo que la ocasión demanda, puede llegar a convertirse en un antro lleno de las consecuencias que ese par de lacras provocarán irremediablemente.

Hace algunos lustros, mientras Bogotá y Medellín se debatían entre el caos, el desorden, las malas administraciones, la delincuencia organizada, etc., la ciudad de mostrar era Cali, con una clase dirigente eficiente y prestigiosa, con fundaciones privadas al servicio de las causas sociales, con el banco de los pobres y el de la mujer, con sus pujantes empresas de servicios públicos, etc.
Bogotá y Medellín, con tres buenos alcaldes sucesivos, llegaron a ser las ciudad que hoy conocemos: símbolos de progreso y desarrollo. Cali, en cambio, está hecha un caos, una tragedia colectiva. Un mal alcalde es como una quiebra, acaba en uno o dos años con el esfuerzo de toda la vida. Y eso le puede pasar a nuestra ciudad
Hay que reaccionar urgentemente, antes de que Pereira llegue a un estado de postración que haga más difícil su recuperación. No es una circunstancia fortuita el hecho de haber llegado simultáneamente a la penosa condición que hoy tiene la ciudad, en materia de empleo y de criminalidad. Si no la rescatamos de una vez, las consecuencias se verán en el inmediato futuro y su efecto se prolongará por muchos años. Siempre es más fácil destruir que construir. Si al coyuntural esplendor que hasta hace poco ostentó nuestra ciudad, no le damos continuidad, exigiendo de los alcaldes una actitud comprometida con el progreso, la modernización y la seguridad, vamos a tener muchos años para lamentarnos por haber sido irresponsables, no solo por escoger mal sino, también, por no haber tenido el valor suficiente para exigir y reclamar.
Los candidatos a las alcaldías acostumbran adquirir una serie de compromisos que en el momento pueden considerarse las aspiraciones de una sociedad, pero una vez elegidos suelen olvidar sus promesas para dedicarse a la administración de la politiquería y a la satisfacción de las ambiciones de sus socios de coalición, abandonando las ciudades a unas suertes que las precipitan por los abismos del caos y la incertidumbre. Tal cual le está pasando a Pereira.
Si no asumimos con espíritu ciudadano la responsabilidad que demanda la ocasión, para rescatar a Pereira, dentro de poco estaremos lamentando haber alcanzado otros deshonrosos títulos que sobrevendrán como consecuencia de los que ya tiene. Es hora de exigir resultados, es hora de pedir responsabilidades en el manejo de los destinos públicos. No nos podemos sentar a esperar a que los ineptos continúen llenándonos de infamantes credenciales. El alcalde tiene el deber de administrar bien nuestra ciudad y los ciudadanos la obligación de exigirle que así sea.

1 Comentario »

  1. 23 June, 2009 — Descargar — Escribió

    Esta claro que algo hay que hacer, que no se puede consentir todo esto.

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