PETRO, LA CONSULTA Y LA CONVERGENCIA.

German Toro

GERMAN TORO ZULUAGA

Muy pocos calculaban que Gustavo Petro terminaría aceptando el reto de ir a la consulta del PDA. Sus reiteradas posturas frente al camino que debería tomar el Polo, en contravía abierta con la estrechez de miras que se impuso en el II Congreso y en la dirección Nacional; la reglamentación excluyente de la consulta; y los buenos vientos que se van dando hacia una convergencia pos-uribista, hicieron pensar que no cabía en el escenario de esa consulta, que no por el hecho de ser “abierta” es amplia.

Pero, dos hechos que se conjugaron, llevaron al colectivo que lidera Gustavo Petro a optar por dar otra batalla por “el Polo que necesita Colombia”: el que no haya aparecido en la primera foto de “los quíntuples” y los retoques de última hora que le hizo el Comité Ejecutivo del PDA a las condiciones para la realización de la consulta.

Con este panorama, se alarga la batalla para definir qué tipo de izquierda representa el Polo. A Petro hay que abonarle y reconocerle el esfuerzo que ha hecho al interior del PDA para tramitar las opiniones y propuestas de todos los que estamos convencidos de que el Polo debe ser un proyecto político de centro izquierda. Aun en las peores condiciones, ha hecho un gasto político admirable y pensando en salvar al Polo, se ha sometido a los maltratos de las mayorías de una dirección que no soporta la discrepancia y que prefiere el trámite de las divergencias en conciliábulos de espaldas a los ciudadanos.

Por la manera categórica como ha asumido el tema del paramilitarismo y el ejercicio de la oposición al gobierno, es repudiado por el uribismo, que no ahorra en una malintencionada especulación sobre su pasado en el M-19, desconociendo el proceso de paz que dio origen a la Constituyente del 91.

De otro lado, por su diáfana postura frente a las actuales guerrillas, las profundas críticas a la izquierda tradicional y la defensa de unas propuestas que llevarían el Polo hacia una convergencia democrática pos-uribista, sectores con fuerte representación en la dirección del Polo, no le rebajan en epítetos y hasta osan señalarlo como caballo de troya del uribismo. De una manera pasional, cada uno de los extremos políticos lo señala como ficha del otro. Pasan por encima de sus claras posturas, distorsionan el debate y enrarecen su entorno.

El discurso democrático de Petro complementa el pronunciamiento y las intenciones que se han anunciado por parte de los llamados “quíntuples” y la mesa de trabajo que sesiona como “encuentro país”. Seguramente el discurso de su campaña hacia la consulta del Polo girará alrededor de la propuesta de convergencia democrática que hay que concretar. Allí se encontrará con los procesos que por fuera del Polo, de manera paralela avanzan en la misma dirección.

Muy probablemente, polistas dispersos o simplemente convergentes y los “polistas con Lucho” acompañarán a Petro en esta batalla. Sin embargo, la convergencia democrática pos-uribista no se decide en la consulta del Polo. Allí sólo se decide si formalmente el PDA, por fin y de manera forzada entra en razón frente a lo que requieren las fuerzas democráticas del país.

El polismo, más que una organización es un sentimiento alternativo, una romántica esperanza de izquierda democrática. Lo significativamente organizado corresponde a los partidos marxistas históricos que no se disolvieron y controlan el aparato del PDA. Los eventos electorales y con mayor razón las consultas internas de los partidos, convocan más a las estructuras organizadas que a la opinión con sentimiento alternativo. Ojalá las cosas funcionen distinto en esta ocasión y la vía secundaria y pedregosa que ha escogido PDA para llegar a la convergencia, le permita llegar a tiempo.

GERMAN TORO ZULUAGA

Constituyente de 1991

Junio 5 de 2009



1 Comentario »

  1. 7 June, 2009 — Chisguita — Escribió

    Un error recurrente del excelente columnista y ex-constituyente Germán Toro en sus artículos al referirse a la izquierda tradicional (pc, moir) es que los define como los marxistas, por el simple hecho de que ellos así se auto proclaman. Eso es tan equivocado como decir que las FARC son el ejército del pueblo o que son revolucionarios porque así se apellidan ellos mismo.

    Del dicho al hecho hay mucho trecho. El marxismo enseña que cada país tiene sus rasgos particulares, su cultura, su geografía, su cultura, cosa que pasan por alto estos radicales de pacotilla, que esquemáticamente abogan por la lucha armada porque dio resultado en otros países como Cuba. Que centran su accionar político en la confrontación y polarización porque así fue en Rusia.

    La realidad política demuestra que la única manera de detener la próxima dictadura ultraderechista de Uribe es la convergencia de todos los demócratas de Colombia, pero estos “marxistas” insisten en el aislamiento o pureza de la izquierda, de los “revolucionarios”, algo traído de los cabellos, que ni siquiera en plena Guerra Fría sería aplicable.

    El marxismo no es una Biblia, es una teoría científica, social y política que se puede tomar como guía en cada país de acuerdo a sus condiciones y características particulares. El marxista no es el que siga al pie de la letra los textos de Marx o Lenin, es el que cree y aporte nuevas visiones y formas de hacer política nacidas de la experiencia de cada sociedad y comunidad, que repito es diferente y muy diversa.

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