¿Es posible un nuevo propósito nacional?

León Valencia
Tomado de EL TIEMPO.COM

Ahora que se ha configurado una amplia baraja de candidatos presidenciales hay una pregunta que deberían hacerse en todas las campañas políticas ¿Es posible forjar un propósito nacional distinto al que enarboló Uribe?

Uribe logró unir a las mayorías nacionales alrededor de la destrucción de las Farc. Capitalizó el odio de la gente hacia esta guerrilla, el cansancio con el secuestro y la guerra, el desencanto con las negociaciones de paz que iniciaron los gobiernos en los años ochenta y noventa. Ha sido especialmente eficaz en mantener en la retina de todo el país este objetivo y ha derivado de este propósito un gran respaldo en la opinión.

Me dirán que no se puede reducir la seguridad democrática a este punto, pero muy poca gente discutirá que ese ha sido el corazón de esta política, que los demás elementos han estado subordinados a la idea de acabar con la guerrilla y en ello se ha concentrado el esfuerzo principal.

La conversión de la seguridad en la ambición del país y la fijación de las Farc como la amenaza en el imaginario de los colombianos no fue en todo caso un artificio. El miedo es una fuente importantísima de las decisiones humanas, y la guerrilla había hecho bastante para generarlo.

Pero este propósito nacional está dando muestras de agotamiento. En los últimos seis años ha quedado al desnudo la otra cara siniestra de la violencia: la realizada por los paramilitares y las mafias en asocio con una parte de la dirigencia política regional y nacional. A la democracia se le ha estado disparando desde afuera y desde adentro.

La conciencia de esta realidad aún es débil en el país. Apenas una parte de la opinión pública empieza a abrir los ojos. Pero la abundante información que está saliendo sobre la ‘parapolítica’ y sobre las infiltraciones de las mafias en todas las instancias de la vida pública terminarán por persuadir a la gente decente de que la política colombiana ha estado presa de una trama de violencias y la guerrilla es apenas uno de los generadores del miedo y de la demanda de protección.

Quizás ha llegado la hora de enarbolar un objetivo más integral en la defensa de la democracia. Quizás ahora se pueda hablar con propiedad de sacar la violencia y las mafias en todas sus expresiones de la competencia política.

La nueva visión que está propagando Barack Obama en los Estados Unidos permite además intentar el combate al terrorismo y a la violencia sin hacer a un lado los principios, sin saltar por encima del Estado de Derecho, sin vulnerar los valores democráticos.

Permite otra cuestión muy importante: asociar la lucha contra la violencia a iniciativas de reconciliación y a un proyecto de renovación social. La nueva administración estadounidense está demostrando que aun un país que tiene una ventaja insuperable sobre el mundo en armas y recursos necesita la concertación y el dialogo para la superación de los conflictos más agudos.

¿Será posible que entre los candidatos y precandidatos presidenciales, que ahora se disputan el favor de la opinión para las elecciones del 2010, surja una corriente que encabece un propósito más ambicioso, más noble y más ajustado a la realidad nacional, que el que Uribe ha impulsado en sus dos mandatos?

Al parecer, no podemos esperar esto del Presidente si se presenta como candidato, ni de los demás precandidatos de la coalición de gobierno, que tienen como bandera la continuidad del proyecto de seguridad democrática tal como ha venido funcionando.

Pero los aspirantes liberales, el Polo Democrático y los candidatos del centro del espectro político -Sergio Fajardo, Lucho Garzón, Antanas Mockus, Gustavo Petro y Marta Lucía Ramírez- tampoco muestran aún una mirada distinta de la seguridad y un propósito nacional alternativo al de Uribe, y ese es el reto del momento.

lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia

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