Manipulando el dolor

Caballerías.
Por: Antonio José Caballero
Tomado de EL PAIS.COM

Cada que se anuncia la liberación de una víctima del secuestro empiezan los manipuladores del dolor a hacer de las suyas con el alma de los que aquí esperan, como mínimo, las pruebas de vida de aquellos que se pudren en la montaña colombiana. Y la libertad del ser querido.

Ahora estamos esperando al ascendido sargento viceprimero Pablo Emilio Moncayo. La senadora Córdoba ha dicho que ‘los trámites’ para esta buena nueva demorarán al menos hasta finales de mayo. Y ya empiezan los secuestradores a anunciar enfrentamientos, balaceras y hostigamientos que, según ellos, entorpecen la salida del cautivo. Como si no pesaran para el afán los once años y cuatro meses que le robó el secuestro a Moncayo en las selvas colombianas.

Ahora comienza de nuevo la pelea por el territorio que las Farc quieren y que las Fuerzas Militares, según la Constitución, deben ocupar y cuidar de los ilegales. Ahora empiezan a justificar lo injustificable y, con ello, casi a ponernos de rodillas para que no ataquen y despejen el camino de regreso para el hijo de ‘El caminante de la paz’.

Y no contentos con esto, los secuestradores tienen a doña Emperatriz más secuestrada que nunca, esperando los restos de su hijo, el mayor Guevara, muerto durante el plagio. En vela todos los días, atenta a la hora en la que ellos decidan decir algo tan sencillo como “los restos están en x o y puntos de tal lugar de la cordillera, al pie de un árbol de lo que sea”. ( ¡)

Y, como no basta todo lo anterior, tampoco explicaron nada acerca de la última lista en la que anuncian tan sólo nueve secuestrados por dinero y 20 en el grupo de los llamados canjeables. No han respondido qué pasó con los que faltan en las listas que según ‘País libre’ llegan casi a tres mil y de acuerdo con Fondelibertad únicamente marcan 125.

Sobre los secuestrados por los grupos paramilitares, ya sabemos que tenemos que hacer un borrón macabro. Y esperar a que estas bestias violentas piensen en lo que hicieron y digan al menos dónde enterraron los cuerpos de esos inocentes con cuyos cráneos llegaron hasta a jugar fútbol en los campos colombianos.

La explicación de aquellos que faltan en las listas la están esperando los familiares de las víctimas que todavía los cuentan en sus hogares y los esperan reunidos con los que los quieren ver abrazados a la libertad. Esto, señores secuestradores, es un derecho de estas familias populares que ustedes dicen defender. Allí están esperando una razón que no tenga nada que ver con la manipulación.

Y luego, claro, a seguir esperando por aquellos que aún no llegan. Aquellos que siguen haciendo fila a pesar de que, como José Libio Martínez, llevan también once años perdidos en la manigua.

El otro día acompañé a los familiares de tres plagiados que fueron ascendidos en la Policía Nacional. Y, como gesto de paz y de súplica de libertad, doña Emperatriz, esa anciana fuerte y llena de esperanza que no me canso de admirar, quiso enviar a los aires una paloma blanca.

El ave se negó a volar como diciendo la libertad está aquí. Aquí los espero; este es el sitio que les corresponde. Al final de la ceremonia voló muy alto; de pronto a su nido lejano a esperar allí ese día de la libertad o el intercambio, ¡SIN MANIPULACIONES!

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