¿Empresarios reales o del poder político?
Destilados amargos
Por Gustavo Duncan (*)
Tomado de EL ESPECTADOR.COM
Cada tanto que un escándalo toca a algún contratista o particular que se hizo a jugosas y rápidas ganancias producto de decisiones de poder político, el afectado responde a los medios de comunicación que como empresario lo único que le interesa es traer bienestar y progreso al país. Se ha vuelto de moda decir, incluso: ‘yo hago empresa con responsabilidad social’.
Lo cierto es que la mayoría de estos autoproclamados empresarios distan mucho de cumplir con la razón de ser de organizadores de la producción y distribución de riqueza en una sociedad moderna.
En las sociedades capitalistas modernas los empresarios son valiosos porque identifican las necesidades de consumo de la población, organizan la producción de bienes y servicios a los precios más bajos posibles y generan empleo, de modo que la población cuenta con mercancías y capacidad de consumo para incrementar su bienestar. Hasta allí todo bien.
El problema viene cuando agentes privados se aprovechan de su influencia sobre el poder político relacionado con la decisión de compra de un bien o servicio por el Estado y elevan los costos de la economía en general, sin generar ningún tipo de ganancia social.
Los costos de utilizar una carretera construida por uno de estos empresarios, por ejemplo, influye en que los precios finales de lo que se transporta por ella sean superiores para los consumidores. Ni qué decir de los impuestos que malgastaron los contribuyentes al adquirir una obra más costosa y de menor calidad. En suma, a mayores costos y menor calidad menos competitividad y a menor competitividad menos empleo y bienestar.
Pues bien, eso exactamente fue lo que sucedió en el escándalo de los hijos del Presidente acerca de los lotes de Mosquera. Puede que en el papel todo se haya circunscrito a la ley, pero en ese negocio en particular (no sé cómo sea con el negocio de las pulseritas) están lejos de ser los empresarios que el país necesita.
Los hermanos Uribe, con la valoración de esos lotes, están lejos de crear empleo y bienestar. Al contrario, lo que han hecho es elevar los costos de transacción para la producción industrial a partir de la mediación sobre una decisión política, la de convertir los lotes en parte de la zona franca de Bogotá.
Como empresarios no generaron los bienes y servicios que la sociedad necesitará. Los lotes ya existían antes de que los hermanos Uribe los compraran y, que se sepa, no hicieron ninguna mejora. Más aún, impusieron un costo adicional a los verdaderos empresarios, es decir, los industriales que van a utilizar el terreno. Ellos, en vez de pagar treinta y tantos millones que en principio costaban, ahora tienen que pagar los tres mil y tantos millones que valen en el mercado.
Esos costos al final se cargan a los consumidores del país o reducen la competitividad de la producción industrial si se trata de bienes de exportación. En otras palabras: ni bienestar ni empleo.
¿Cuál fue el negocio entonces de los hermanos Uribe si no crearon un valor real? Simplemente vender una decisión política que en abstracto vale mucho, pero en concreto no produce nada.
(*) Profesor de la Universidad de Los Andes.



6 May, 2009 — Musica — Escribió
A los politicos les manejan los empresarios, o eso pienso yo.