Capitalizar en vez de abandonar
CLAUDIA LOPEZ
Tomado de EL TIEMPO.COM
Colombia ya no es una prioridad para Estados Unidos. En parte porque los desafíos regionales han cambiado y en parte por el éxito del presidente Uribe en vender “el milagro colombiano”. El mensaje del fin del fin de las Farc y la extinción del paramilitarismo dejó como conclusión que Colombia ya no tiene una amenaza seria y se puede dejar de lado, mientras que México está en la mitad de una guerra y requiere todo el apoyo. Esa lectura es simplista y equivocada.
Los gobiernos colombianos convencieron a Estados Unidos de que el narcoterrorismo doméstico era una amenaza hemisférica.
Uribe los convenció de que la mayor, y casi única, amenaza narcoterrorista eran las Farc y logró su apoyo irrestricto para derrotarlas. Con la plata y el apoyo estadounidenses, Colombia logró debilitar y replegar a las Farc, pero E.U. no logró reducir nuestra producción y exportación de coca. La agenda nacional progresó y la de Estados Unidos no, porque su política antidrogas es en general un fracaso y porque el negocio del narcotráfico en el país no tiene como único -y ni siquiera principal- protagonista a las Farc.
Aunque el gobierno de Colombia lo ha ocultado, se sabe que los computadores de ‘Reyes’ y otra información demuestran que las Farc están lejos de ser el mayor cartel colombiano, que su actividad mafiosa se centra en los dos renglones de menor rentabilidad -cultivar y procesar pasta de coca- y que derivan más financiación del secuestro y la extorsión. En todo caso, sus ingresos por narcotráfico no son despreciables y mientras los tengan podrán sobrevivir.
En cambio, la evidencia prueba que las Auc fueron el mayor proyecto de expansión narcotraficante en la historia de Colombia. Los paramilitares, en particular Vicente Castaño, articularon buena parte del narcotráfico colombiano bajo la franquicia de las Auc: en toda la Costa Atlántica, desde el golfo de Urabá hasta la península de la Guajira; por todo el Magdalena Medio, desde Santander hasta el Eje Cafetero y de allí hasta Putumayo, y por el Oriente, desde Arauca hasta el Meta. Negociaron con los carteles del norte del Valle y ahora se disputan entre todos el control del Pacífico. Esa expansión articuló las zonas de cultivo y procesamiento con las rutas de exportación y los centros de lavado de dinero. Para algunas élites regionales, dicho crecimiento representó un mecanismo de protección eficaz y barato, organizado y financiado por el narcotráfico, y una oportunidad de enriquecimiento y control que les permitió acaparar más tierras y activos y afianzarse en el poder político.
Si a la par con el debilitamiento de las Farc, la negociación con los paramilitares hubiera incluido desmontar esa estructura de poder político y mafioso, el país habría podido cumplir las metas del Plan Colombia. Pero no fue así. El tráfico de narcóticos creció en las zonas paramilitares, y de no haber sido por la valerosa acción de la Corte Suprema, su estructura de poder político y regional seguiría intacta.
La agenda republicana con Colombia estuvo centrada en narcotráfico, libre comercio y terrorismo. Gracias a la mayoría demócrata en el Congreso de E.U., los derechos humanos ingresaron a la agenda. Pero si de lograr más eficazmente nuestros intereses comunes se trata, los temas de fortalecimiento democrático, tierra y reconciliación deberían tener también un puesto privilegiado.
Hay que elevar y hacer efectivos los costos judiciales y políticos a las élites que se alían con el narcotráfico; hay que apoyar a los líderes y cortes que han demostrado decisión de enfrentarlos; hay que hacer una reforma de la tenencia de la tierra que haga retroceder el acaparamiento mafioso, resarza a las víctimas y asegure disponibilidad de suelo para todos los usos, y hay que capitalizar la ventaja militar lograda en el fin del conflicto, en vez de desperdiciarla en su prolongación. Los logros en Colombia deben capitalizarse en vez de abandonarse, porque las amenazas permanecen y su solución se ha dilatado por diagnósticos parcializados, basados más en la ideología que en las evidencias.
Claudia López


