¡Me quito el sombrero, Presidente!
Por: Patricia Lara Salive
Tomado de EL ESPECTADOR.COM
LAS OVEJAS DESCARRIADAS REGREsaron al redil. Eso les tocó hacer a los candidatos Germán Vargas y Juan Manuel Santos.
El presidente Uribe, en una carambola que le envidiaría el más avezado billarista, los desbancó de las jefaturas de los partidos sobre cuyas bases se sustentaban sus candidaturas, y los puso a apoyar el referendo reeleccionista, con todo y cambio del texto avalado por más de cuatro millones de colombianos.
Así fue como, para dividir a Cambio Radical, envió al ex ministro Juan Lozano, quien movió las cuerdas de tal forma que, de un momento a otro, esa bancada acabó manifestándose a favor de la convocatoria de un referendo pro reelección en 2010, y no en 2014, como lo quería su jefe Vargas Lleras. Entonces a Germán no le quedó más alternativa, para no quedarse sin partido, que apoyar esa fórmula a la que tanto se había opuesto.
Y la alineación de Santos, Uribe se la encargó a su ex comisionado de Paz y psiquiatra de cabecera, Luis Carlos Restrepo, quien se colocó como jefe del Partido de la U, fundado por Juan Manuel, y declaró que esa era la colectividad abanderada de la reelección en el 2010. A Santos le tocó entonces apoyar abiertamente la reelección de su jefe.
Con las anteriores jugadas, Uribe garantizó que el referendo alcance los votos necesarios en el Congreso, y puso a Santos y a Vargas Lleras a aplazar sus aspiraciones, seguramente, cuatro años más.
Y por el lado conservador el asunto no es menos dramático: Uribe tiene punteando las encuestas a su clon, el ex ministro godo Andrés Felipe Arias, quien se ha mostrado como una fotocopia de su jefe y ha dicho que si Uribe se lanza él se retira. Mientras tanto, el conservatismo duda entre realizar la consulta interna, o quedarse quieto, no someter a sus candidatos a ese desgaste, e impulsar de una vez el referendo, con lo que se arriesga a que si la Corte lo tumba o si no se depositan los más de siete millones de votos requeridos para su aprobación, el conservatismo habrá perdido un tiempo precioso para promover su candidato presidencial.
Algo similar les ocurre al Partido Liberal y al Polo. Ambos se desgastan en pequeñas rivalidades y apuestan a consultas internas de las que saldrán candidatos débiles a la hora de enfrentar a un monstruo político del tamaño de Uribe. Pero, lo más grave, es que ambos están perdiendo tiempo precioso para consolidar la gran coalición antirreelección propuesta por el jefe del liberalismo, César Gaviria, y por los “polistas” Gustavo Petro y Lucho Garzón, tal vez la única vía capaz de frenar el referendo, si es que logra reunir la fuerza necesaria para producir una abstención tal que no se supere la barrera de los siete millones y pico de votos requeridos para aprobarlo.
En cambio, la embajadora Noemí Sanín y el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, hacen lo que les toca: ella espera a noviembre para decidir, sin inhabilitarse, si renuncia y regresa como candidata no desgastada, o si se queda disfrutando del smog londinense en caso de que se hunda el referendo. Y él recorre el país, trabaja como hormiga y siembra para 2010 o para el futuro.
Mientras tanto, Uribe insiste en que no quiere atravesársele a ningún candidato y espera pacientemente a que se apruebe su reelección y el país lo unja. Y si, por casualidad, ello no ocurre, sea él el que unja al continuador de su seguridad democrática.
Frente a tales moñonas, con humildad digo: ante su habilidad política, ¡me quito el sombrero, Presidente!


