Tormenta en el Polo

Editorial| 25 Feb 2009
Tomado de EL ESPECTADOR.COM

SE INICIA HOY EN BOGOTÁ EL SEGUNDO congreso del Polo Democrático Alternativo. Los debates públicos de las últimas semanas entre sus dirigentes más destacados denotan tanto la complejidad de la situación interna, como el alto nivel de pugnacidad que predomina y que lleva a algunos incluso a anunciar una división definitiva.

El Polo es una agrupación aún joven. Nació en 2002 como coalición de diversos partidos en apoyo a la candidatura presidencial de Luis Eduardo Garzón y en diciembre pasado cumplió apenas tres años desde su fundación como Polo Democrático Alternativo.

En su corta existencia ha logrado ganar la Alcaldía de Bogotá en dos períodos consecutivos, unir por primera vez en la historia a prácticamente toda la izquierda colombiana y obtener más de dos millones seiscientos mil votos en las elecciones presidenciales de 2006, derrotando al candidato del Partido Liberal para el segundo lugar. Sin duda, resultados excelentes para tan poco tiempo.

Pero es evidente que se ha deteriorado la imagen del Polo. Inmersos en disputas internas, el Polo perdió la iniciativa política como fuerza de oposición, cediéndole el terreno al Partido Liberal. Sus reacciones tardías, vacilantes y ambiguas frente a las acciones de las Farc mandaron mensajes muy negativos a la opinión nacional, que percibe el predominio de los sectores más radicales en la conducción de ese partido. La distancia que tomó Garzón desde su salida de la Alcaldía le ha restado al Polo uno de sus dirigentes con mayores opciones electorales. Los bajos niveles de respaldo con que cuenta hoy el alcalde Samuel Moreno también afectan de manera negativa al Polo.

Muchos de sus simpatizantes, y el país en general, sienten no sólo decepción, sino confusión. No es fácil entender por qué dos defensores de la Constitución de 1991, como lo son Carlos Gaviria y Gustavo Petro, no están del mismo lado. De hecho, en relación con uno de los temas gruesos que debe dirimir el congreso, Carlos Gaviria, en una entrevista al semanario Voz, ha dicho que él no excluye la posibilidad de las coaliciones, siempre y cuando sean claras, programáticas y no burocráticas, y que “no desdigan del programa del Polo y su Ideario de Unidad”, lo cual no contradice lo que ha planteado Petro.

Tampoco se explica cómo el sector que lidera el hermano del Alcalde de Bogotá, proveniente de la Anapo, y el senador Jaime Dussán, de la socialdemocracia, que en su momento formaron parte de la coalición que respaldó al gobierno de Ernesto Samper, ahora se alíen con el ala radical para insistir en que el Polo llega a la primera vuelta con candidato propio.

Lo que está en juego es más que el futuro del PDA. La democracia colombiana, independientemente de la orilla política de cada quien, requiere la existencia de un movimiento de izquierda democrática que se consolide como una opción real de poder, entre otras cosas para deslegitimar aún más la noción, a la que siempre aluden las guerrillas, de que en Colombia sólo es posible ejercer la oposición empuñando los fusiles.

La decisión de Luis Eduardo Garzón y de la ex canciller María Emma Mejía de no presentarse para las elecciones de delegados y la posterior renuncia al Comité Ejecutivo Nacional de Gustavo Petro y sus aliados, son todos signos de los muchos malestares que rodean este segundo congreso que comienza hoy.

Es saludable que el Polo debata de manera abierta y pública sus diferencias. Pero es preocupante que tanto por el tono como por el fondo de la discusión se pierda la oportunidad histórica para seguir contribuyendo de manera significativa a la construcción de la democracia colombiana.

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Elespectador.com

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