El cañazo del referendo

Por: Álvaro Forero Tascón
Tomado de EL ESPECTADOR.COM

LA REELECCIÓN INMEDIATA DE Álvaro Uribe es tan improbable jurídica y políticamente, que la única explicación para la convocatoria a sesiones extraordinarias para salvar el desahuciado proyecto, es que el Gobierno no tenía alternativa distinta a dilatar su hundimiento para evitar una derrota política monumental.

El fracaso del proyecto habría puesto en evidencia que en virtud del cambio drástico de condiciones políticas y económicas que ha ocurrido, al Gobierno se le redujo el apoyo de la coalición y de los colombianos, al punto de que su continuidad en el poder ya no es posible.

En la madrugada del miércoles no hubo ninguna aplanadora uribista. El referendo pasó porque Cambio Radical no quiso responsabilizarse de su hundimiento, y la mayoría de sus representantes se abstuvieron de votar, pero no rompieron el quórum. Y algunos de los representantes que salvaron el proyecto por escasos cuatro votos, lo hicieron solamente porque contempla la reelección en 2014 exclusivamente, pues la opción de 2010 ya había sido hundida definitivamente en la Comisión Primera, con el apoyo de miembros de la coalición de gobierno.

Es posible que el Gobierno esté cañando al sostener que aún se puede adecuar el proyecto de ley a 2010, pues sabe que jurídicamente no es posible, y que políticamente está impedido para hacerlo a la brava, porque a diferencia de hace cuatro años, hoy existe la yidispolítica, la sentencia de la Corte Constitucional contraria al tercer período, y el seguro rechazo de Estados Unidos a que su “aliado ejemplar” y Hugo Chávez adelanten simultáneamente referendos dudosos para perpetuarse en el poder. Pero estaría cañando sobre todo porque en las encuestas, el apoyo a la reelección inmediata se ha reducido a tres o cuatro puntos por encima del cincuenta por ciento, ventaja cercana al margen de error, lo que significa que en medio de condiciones económicas difíciles como serán las del año próximo, la posibilidad de perder la votación es real. Con el agravante de que ocurriría a sólo meses de las elecciones, comprometiendo también la suerte de los candidatos uribistas y facilitándole el triunfo a la oposición.

Aprobando el engendro de 2014, el Gobierno ganó tiempo para tratar de recuperarse del difícil momento político por el que atraviesa, para conservar iniciativa política demorando la campaña presidencial, y para asignarle la culpa del hundimiento a Germán Vargas en caso de que éste lo forzara. Porque el Gobierno sabe que aunque ese ahogamiento no sólo es inevitable sino necesario para evitar una derrota mayor, debe hacerse con cuidado quirúrgico para no herir a millones de firmantes del referendo, que podrían sentirse burlados y reaccionar negativamente.

La pregunta no es si el Gobierno desea la reelección. Nadie duda que sí, y que por eso ha incurrido en tanto desgaste. La pregunta es, ¿está encubriendo su debilitamiento político cañando con la reelección? Y si lo está, el paso siguiente será aplicar la consabida estrategia de los golpes de opinión, en que las debilidades insostenibles se voltean para convertirlas en triunfos: la renuncia “voluntaria” del Presidente a la reelección inmediata en aras de los “mejores intereses de la patria”.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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