“Aquí hay una mentalidad muy de derecha”

Leon ValenciaLeón Valencia
Tomado de EL PAIS.COM

El ex guerrillero y académico León Valencia habla de la guerra y la paz y analiza su paso por la insurgencia.

Muchas personas, entre ellas el propio presidente Álvaro Uribe, le han pedido a León Valencia, ex militante del ELN y desmovilizado en los 90, que cuente la verdad y que le diga al país lo que hizo en la guerrilla.

Valencia manifiesta que una y otra vez le dicen que su pasado lo inhabilita para ejercer una labor crítica a los acontecimientos de hoy.

Sostiene él que no quieren que hable de las alianzas entre líderes políticos y jefes paramilitares y de la tragedia que se esconde tras ese compromiso: los miles de muertos y desaparecidos, de torturados y mutilados, los millones de desplazados. Asegura que se enojan porque se atreve a escribir sobre el conflicto armado y sobre la necesidad imperiosa de buscar una salida pacífica a esta dolorosa confrontación.

El libro resultante, publicado por Editorial Norma, se está vendiendo como pan caliente.

¿Qué conclusiones sacó de su militancia en la guerrilla?

Que nuestras frustraciones son del tamaño de los sueños. Si uno sueña con algo alcanzable y lo logra tiene muy pocas frustraciones. Pero si sueña en grande y no tiene éxito, pueden venir las frustraciones.

¿Para evitar las frustraciones es mejor no soñar?

Al contrario. Tener sueños es un acicate y una fuerza inmensa para el ser humano. Por un sueño se pueden hacer cosas que en una existencia normal difícilmente se harían.

Usted empezó con sacerdotes imbuidos de la Teología de la Liberación y el trabajo por los pobres. ¿Qué sucedió?

Yo tenía 16 años y estaba en Pueblo Rico. Doce sacerdotes llegaron al suroeste antioqueño e hicieron un compromiso con las conclusiones de la conferencia: la opción por los pobres. A donde yo estaba llegó un cura especial, Ignacio Betancur. Fui a hablar con él y tuve lo una transformación, un nuevo bautizo. Me hizo una revelación: usted puede hacer algo importante por otra gente, puede cambiar el país, hacer historia.

Después voy a Medellín y entro en el mundo marxista, de las confrontaciones urbanas. Entonces empezaron a matar campesinos, estudiantes y líderes. La gente se organizó para defenderse y empezamos los primeros grupos armados. Yo desde el principio quise irme para la guerrilla pero los curas me disuadían. Permanecí 10 años en Medellín, en esa izquierda legal. En el 87 llegué al Comando Central del Eln. Iniciamos un proceso de unidad para conformar un solo grupo. Fue una experiencia muy dura porque era un mundo donde palpitaba la violencia.

¿Qué tan dura?

Como verá en el libro, la ilusión me duró 60 páginas, el miedo 80, y 150 el desencanto. Competíamos en violencia con unos actores desalmados de ese mundo donde se mezclan la institucionalidad y la ilegalidad con el narcotráfico, sobre todo en el tema paramilitar. Con unas élites regionales en competencia a ver quien es más cruel y que no se paraban en mientes con los “daños colaterales” que eran inmensos y atacaban a la población. Me afectó mucho la masacre de Segovia donde el movimiento Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño, con la anuencia de la Fuerza Pública, mató a 47 personas. Allí empezó el dolor. Al año siguiente, conozco del asesinato del Obispo de Arauca. Le dije al padre (el “cura”) Pérez: al grupo Domingo Laín no se le puede perdonar esto. Tenemos que repudiarlo y apartar a los responsables, pero ellos decían que la ropa sucia se lava en casa.

¿No le afectaba estar lejos de su familia?

Claro. Siempre se presenta la angustia de la soledad. La vida guerrillera rompe las parejas pero la verdad es que por el mundo cristiano de mi papá, siempre tenía muchas preguntas y angustias éticas.

“Aquí, siempre que se hace un acuerdo de paz, se deja por fuera algún sector y enseguida se lanza una guerra contra éste. Es una constante misteriosa y peligrosa”.
Pero a ver, un hombre como usted, ya formado, que escoge la violencia, ¿no sabía en qué se estaba metiendo?

Yo no eludo responsabilidades. Era plenamente consciente de para dónde iba. Lo hacía contento, con la ilusión de participar en la toma del poder. Pero una cosa es la teoría y otra ver las cosas cara a cara: el miedo, la muerte como posibilidad del enemigo, pero también de uno y de sus amigos. Siempre he pensado, que en Bogotá, muchas personas toman, desde su escritorio, decisiones sobre la vida de los otros, lo cual es muy distinto a vivir la muerte de la gente. Una mala cosa es que en Colombia las élites nunca participan de la guerra porque incluso el Ejército Colombiano es de clase media.

¿Cuando empezó su disidencia?

Yo estuve dos años y medio en el corazón de la guerra. Perdí las elecciones del Comando Central, bregando a arrastrar al Eln a una negociación de paz y salí del Comando. Deambulé entre el monte y la ciudad hasta el 94, tratando de hacer un acuerdo de paz, participando en el grupo que ya empezaba a ser una disidencia del Eln.

¿Estuvo en combate?

Una vez, que ni siquiera cuento en el libro, porque fue un azar. Yo estaba en una marcha, de una montaÒa a otra, rodeado – como miembro del Comando Central- por un grupo pequeño, cuando se desató una balacera. Tuvimos que tirarnos al suelo y responder. Fue una cosa muy extraña y dolorosa. Murieron los muchachos que iban delante y detrás de mí, dos jóvenes de los mejores.

¿Qué es el Comando Central?

Una dirección estratégica. Sus 5 miembros tienen prohibido meterse en operaciones. Todos habían tenido antes toda una vida de combate: Gabino, el Cura Pérez, Antonio García. Combatíamos sólo cuando éramos atacados. Yo quería combatir, desde luego, y me daba rabia que me consideraran torpe con las armas. Yo era bueno echando lengua, pero el halo de heroísmo surge en el combate. Yo siempre tenía ese déficit.

¿Usted tenia una compañera en la guerrilla, por qué lo dejó ?

Se aburrió de mí porque no era combatiente y era terriblemente torpe. Seguramente pensó que yo era el más pendejo. En una palabra, me perdió el respeto revolucionario.

¿Cómo es el amor en medio de la manigua y la guerra?

Muy apasionado. Son amores desesperados, conflictivos porque no se tiene vida privada. Uno tenía que irse a hacer el amor en una hamaca o en un cambuche colectivo. Claro que es un acicate para que la pasión sea más fuerte.

¿El tener la “suerte” de tener su novia con usted, no creaba fricciones, recelos, resentimientos?

Claro. Como es una vida totalmente atípica allá hay un 30% de mujeres y 70% de hombres. Hay exceso de demanda y poca oferta, por decirlo crudamente.

¿Todo eso no es la antítesis de la creencia común sobre la guerrilla?

La guerrilla es un laboratorio impresionante, porque hay un desborde de sentimientos, de pasiones. Todo eso tiene desfogues diferentes: en el mismo combate, en trabajos muy duros. O en noches culturales, con guitarras y cantos.

Algo que llama la atención en el libro son sus descripciones de la naturaleza, de la belleza de los parajes, de sus pensamientos en las noches estrelladas, de las grandes discusiones sobre literatura…

Eso se da en un proceso puramente auto didacta, un ejemplo para mí fue Estanislao Zuleta, que había hecho sólo hasta cuarto de primaria. Fernando González se lo llevó para educarlo. Para mí fue una inspiración porque supe que se podía aprender por sí mismo y de los otros.

¿A qué atribuye la persistencia del conflicto en Colombia?

Hay cosas complejas. Una de ellas es que siempre que se hace un acuerdo de paz, se deja por fuera algún sector y enseguida se lanza una guerra contra este. Es una constante misteriosa y peligrosa.

¿En Colombia se podrá llegar a un pacto incluyente de reconciliación?

Por allá en los 80’s me dijo Luis Carlos Galán: “La izquierda solo tiene posibilidades en una democracia avanzada y en la paz, porque aquí las élites saben más de guerra que cualquiera”. Aquí hay unas élites que le meten violencia a la política, sin involucrarse en la guerra. Lo hacen a través de terceros y resulta impresionante ver la atrocidad y la ferocidad a la que pueden llegar. Habría que hacer con la guerrilla un pacto, ahora que no tienen opción de triunfo y con las mismas élites.

¿Desde ese punto de vista ¿es un éxito la seguridad democrática?

Si, eso es indiscutible. Uribe ha tenido éxito con las Farc, pero ese esfuerzo lo ha limitado para ver otros aspectos de la violencia. Fue tan astuto que logró juntar su agenda anti Farc, con la agenda antinarcóticos de los Estados Unidos, pero lo único que salió adelante fue lo de las Farc. La lucha contra el narcotráfico es un fracaso.

¿Cuál es, según usted, la opción, entonces?

Lo que más necesita el país es una derecha civilista. Ya tenemos una izquierda civilista que se apartó de la guerra y está encarnada en unos líderes que, mal que bien, hacen oposición. Pero esa izquierda civilista no tiene posibilidades debido a que hay una mentalidad muy de derecha en el país.

No olvida la votación por Carlos Gaviria y que el Polo ha ganado dos veces la Alcaldía de Bogotá?

Pero yo diría que en vez de avanzar ha retrocedido. El espectro de la derecha es más grande en las clases medias y por eso necesitamos una derecha civilista, decidida, capaz de romper con la derecha violenta que utiliza la forma ilegal y mafiosa. Que se plante y lidere un proyecto ético y de civilidad para el país.

¿Cómo ve el proceso de la parapolítica?

Hicimos esa investigación académica antes de que se adelantaran las investigaciones judicial y penal. Dos fiscales delegados ante la Corte la pidieron, y a partir de allí la Corte Suprema hizo muy bien la tarea.

¿Qué es lo que le critica a Uribe, concretamente?

Que rompió con el proceso que tenia con los paramilitares y extraditó a 14. Hubo otra cosa horrible que fueron los falsos positivos y, como vino la presión internacional, sacó a 27 oficiales, pero eso sí, no deja caer a ninguno de los parapolíticos. Con ellos tiene una solidaridad enorme.

Sobre la hecatombe de las pirámides, el presidente se ha mostrado sorprendido y ha dicho que fue engañado, que no le informan, ¿usted le cree?

Allí hay involucrados 4 millones de colombianos con una cantidad de ahorros brutal, que puede ascender hasta los 3 billones, donde se han quedado sin nada y solamente el 10% de la plata podr· ser resarcido. Hay una ley de hierro y es la de que cuando la economía va bien, los gobiernos van bien; y cuando Èsta va mal, a los gobiernos les empieza a ir mal. Los políticos siempre están del lado de quien mas sombra dé y para mí es claro que ya empieza a notarse que la sombra de Uribe no es ya la más grande Como en los barcos que se hunden, las ratas ya empiezan a abandonarlo.

¿Un barco que empieza a hacer agua por los cuatro costados?

Así es y, como si fuera poco, se ha echado muchos enemigos encima. Como decÌa el ex presidente López, uno no puede ir graduando enemigos por el camino porque de pronto les da por ejercer. Hay mucha gente adolorida por la agresividad tan grande del presidente Uribe y de pronto empiezan a cobrársela. Yo creo a veces que eso es lo que lo hace aferrarse tanto al poder: el miedo, que es un mal consejero.

¿Miedo a qué?

A que haya juicios, a que venga mucha gente a atacarlo cuando ya no tenga poder.

¿Su libro es un mea culpa, una justificación, un deseo de demostrar coherencia, o las tres?

En la presentación estuvo Francisco Galán, quien salió hace 6 meses del Eln y era mi contradictor mas acérrimo. Fue difícil llevarlo, pero él corroboró que es verdad lo que digo, y añadió: “Quiero pedirle perdón a León porque nosotros fuimos los que nos equivocamos. El vio lo que nosotros no vimos”. Yo no tenia mas pretensión que contar mi verdad. Allí expreso todas mis angustias y como las resolví. Espero haberlo hecho bien. El lector juzgará.

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