¡Mañana 28, por nosotros!

LUCHOLucho sin rodeos
Por: Luis Eduardo Garzón

EL CUATRO DE FEBRERO FUE CONTRA las Farc; el seis de marzo, contra los paramilitares, y el 20 de julio, por la alegría que nos produjo la exitosa Operación Jaque. Mañana saldremos a marchar por nosotros. Sí, por nosotros, secuestrados por la maldita cultura del narcotráfico.

Con un Presidente que no tiene el mismo rasero para promover detenciones (su celeridad para presionar la captura del mesiánico financiero —plausible desde todo punto de vista— no ha sido la misma para capturar a quienes convirtieron en polígono a los jóvenes de Soacha). Con unas instituciones confundidas cual ahorrador infeliz. Con un Congreso cuyo presidente tiene el mérito de haber descubierto que la primera pirámide estaba en Cajanal. Con unos parlamentarios cuya eficiencia es mayor en la cárcel —por cuenta de la rebaja de penas se han vuelto hiperintensos para trabajar y estudiar—. Con unos magistrados que en lugar de ponerle orden a la justicia están acusados —uno por violencia intrafamiliar, otro por ponerle conejo al señor DMG y un tercero por perseguir a uno de los buenos santos colombianos—. Con una trivialidad que vuelve acontecimiento que una reina de belleza sea políglota, sin importar que no pueda comunicarse con las comunidades tribales de su departamento de origen. Con una promotora de la marcha que nos dice que no hay excusa para quedarnos en la casa, pero ella, por razones de seguridad, no puede venir a la suya.

Pero la principal secuestrada son las Farc; víctimas de su propio invento. Montaron la pirámide del Caguán, donde muchos incautos caímos. Como dice Fidel Castro, nos ofrecieron paz y terminaron diseñando más guerra. Reconocidas por el Estado, con un presidente que iba y venía de la zona de despeje admitiéndoles con su presencia el estatus de beligerancia que tanto reclaman. Cual guía de agencia turística, el hermano del detenido fiscal de Antioquia, hoy ministro de la Justicia, les organizó cruceros a Europa. Políticos, policías y militares eran canjeables por tarjetas prepagos con guerrilleros presos. La ambición las llevó, cada día, a considerar que no era suficiente con lo conquistado a través del gobierno de Pastrana. Utilizaron intermediarios de buena fe que, como algunos abogados consultados por DMG, son acusados injustamente de hacer parte de la estructura ilegal. Su arrogancia llevó a que muchos de los que apostamos que nuestros dividendos por la paz se multiplicarían nos defraudáramos y nos dedicáramos a hacer marchas, proclamas y consignas para que nos devolvieran los únicos activos que allí habían quedado: los secuestrados. Gracias a la superoperación Jaque y a la piadosa intervención del presidente Chávez, logramos que muchos de nuestros bienes regresaran sanos y salvos.

Pero no es suficiente. Allí nos quedan muchos más. Tenemos la ilusión de que sus apresadores, sin importar su jerarquía, actúen con la misma visión del ex guerrillero Isaza, quien logró hacerse el de la vista gorda. La guerrilla debe entender que su estrategia de derrotar al Estado fracasó. Un Estado que sin embargo muestra una frágil institucionalidad, que le impone hoy o mañana redescubrirse mediante una negociación entre todos los colombianos. Para ello hay que restituir la confianza en la reconciliación y las Farc deberían resarcir sus desaciertos con lo más elemental que se puede hacer en las actuales circunstancias: la liberación unilateral de la gente que tienen en la selva

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