Carta a las Farc
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO.COM
Me tomo el atrevimiento con mis lectores y con la directora de El Colombiano de dar cabida en mi columna a la nueva carta que se les enviará a las Farc de parte de un grupo de colombianos. Lo hago porque contiene una pregunta directa y tajante sobre el secuestro, precisamente en el momento en que estamos a las puertas de una nueva movilización ciudadana en procura de la liberación de los secuestrados.
Bogotá DC., noviembre de 2008
Señores
Miembros del Secretariado
Farc-EP
Cordial saludo.
La respuesta recibida de ustedes a nuestra carta nos ha estimulado de manera especial, tanto por los contenidos esperanzadores para la paz nacional, como por el lenguaje en que están enmarcados sus conceptos en relación con el diálogo epistolar que conjuntamente hemos emprendido.
Nuevos fenómenos conmueven hoy a la conciencia nacional. Sin ignorarlos, estimamos que ellos no nos deben apartar de la discusión crucial de la guerra y la paz en Colombia.
La divulgación sobre la práctica por parte de sectores de las Fuerzas Armadas de los crímenes cubiertos bajo la denominación de falsos positivos y la purga en las filas del Ejército Nacional han puesto en escena el más reciente capítulo de la guerra sucia en Colombia. La escalada en el conflicto colombiano se ha acompañado de la intensificación de su degradación. En ese marco la aspiración a la construcción democrática del monopolio legítimo de la fuerza es premisa para la conquista en Colombia de un Estado moderno y democrático y para la consagración de condiciones dignas para la vida colectiva.
Estamos persuadidos de que la comunicación que ustedes declararon iniciada al responder a nuestra carta del 23 de octubre del año en curso, tendrá sentido y logrará eficacia si se desenvuelve bajo el signo del intercambio concreto y transparente.
Creemos que la práctica del secuestro es intrínsecamente inhumana y no se le puede defender sin que al tiempo se ingrese en el terreno cenagoso donde campea la divisa del fin justifica los medios. Por ello, de manera cordial pero sin rodeos nos permitimos preguntarles ¿Están ustedes dispuestos al abandono definitivo de la práctica del secuestro? Hemos recordado al respecto un antecedente aportado por el Secretariado de las Farc-EP, entonces bajo el liderazgo de Manuel Marulanda Vélez y de Jacobo Arenas en marzo de 1983: la declaración que hicieran en el sentido de abandonar el secuestro como arma política. En aquella oportunidad esa toma de posición fue recibida con inmensa satisfacción por la opinión pública y en el corto plazo salvó del colapso al proceso de Paz que tenía poderosos enemigos. No escapa a la ilustrada percepción de ustedes que el asunto planteado tiene una estrecha vinculación con el espíritu del DIH y, en especial, con los convenios de Ginebra (Protocolo II).
Millones de personas en Colombia y fuera de ella no pueden alejar de la conciencia la imagen de una porción numerosa de colombianos que ven pasar sus horas y sus días en doloroso y desmoralizante cautiverio. Estimamos que en el orden de urgencias está en primer lugar el Acuerdo Humanitario y que la búsqueda de condiciones realistas para convenirlo entre el Estado y la insurgencia debe comprometer nuestros esfuerzos y los de ustedes. En este sentido, el aporte de elementos explícitos a la discusión por ustedes, corresponderá a las palpitantes preocupaciones de la opinión nacional e internacional.
Una ola de optimismo sobre la renovación democrática del mundo alcanza hoy a pueblos y países. Los vientos no soplan a favor de los círculos y gobiernos que alientan las guerras. Sentimos que ese clima internacional favorecerá a todos aquellos que en Colombia trabajan sin vacilación por la salida política a la confrontación bélica interna.
Por otra parte, en la mayoría de países de América Latina han llegado al poder y siguen accediendo a la dirección del Estado movimientos y figuras comprometidas con el cambio social, con la inclusión étnica, la ampliación democrática y con el desarrollo de políticas internacionales independientes. Allí, la Paz en Colombia cuenta también con incondicionales aliados. Las perspectivas, ciertamente diferenciadas que estos gobiernos ofrecen seguramente plantean para ustedes un interesante y alentador horizonte político.
Con nuestros mejores deseos quedaremos pendientes de su respuesta a esta nueva carta.
León Valencia


