¡Ingridicémonos!
Lucho sin Rodeos
Por: Luis Eduardo Garzón
Tomado de EL ESPECTADOR.COM
A ESTAS ALTURAS, CUANDO LOS ÉXItos del Gobierno frente al secuestro son incontrovertibles, los únicos que van a quedar retenidos por la utilización de esta macabra práctica son los propios guerrilleros. Tanto física como mentalmente. Como van, la vida les tiene destinada la selva por cárcel.
El secuestro, además de aislar y deslegitimar la actividad guerrillera, ha servido para que el morbo en la opinión se exacerbe, para que las revistas de farándula se posesionen, para hacer malos libretos de Corín Tellado, para que las editoriales se enriquezcan, para que directores en decadencia como Stone suenen para telenovelas, para enterarnos de que los príncipes saben leer, para saber que un peto no es solo un maíz para sopas, sino que también tiene una connotación humanitaria, para que el ICBF nos cuente que hace algo por la niñez, para ver los avances de la fonoaudióloga con el Ministro de Defensa y sobre todo para ponernos al corriente de que en la selva hay más de un Isaza mamado de esta estéril y absurda guerra.
Además, el secuestro es a Uribe lo que el viagra a McCain. Lo levanta de una manera que ni él mismo sospechaba. Apiñado por los indígenas; capoteando el descuadre entre falsos positivos y reducción del censo electoral en Soacha; dudando si hace parte de la boicoteada ley de víctimas, pues se considera un mártir de las trampas del DAS; angustiado por las encuestas favorables por el que no ama, Obama; pidiendo para Navidad un polígrafo para que no le sigan mintiendo sus subalternos; auscultando qué hacer con la cara de conmoción de su Ministro del Interior y ex Justicia; atónito viendo cómo su referéndum se lo hunde su otrora aliado Vargas Lleras e impresionado con lo único que parece que abunda en el campo y por eso lo desperdician con sus asesores, los huevos. Y como para rematar, con una economía que por lo que se vislumbra mantiene embolsado a su Ministro de Hacienda. Incluso, hasta Dios en la tierra, monseñor Rubiano, le dice, ¡no más, por favor!
Y por eso, por no tener más en su agenda, su sparring natural son las Farc, que ya tienen un poder tan sobrenatural para el Gobierno que las hace aparecer en todas partes. Incluso con megáfono va y las busca así se asemeje a la pedagogía Lizcano, hablándoles a los postes, responsabilizándolos de terrorismo. Por otro lado, la guerrilla lleva diez años eligiendo presidentes y les importa un bledo. Entre más mencionados por los mandatarios, mejor para su reconocimiento de beligerancia. Es decir, se necesitan mutuamente. De ahí que se nieguen a lo obvio, liberar sin condicionamiento alguno a los secuestrados.
Ante este panorama, Íngrid Betancourt se ha convertido en un oasis en medio de la aridez. Debemos congratularnos con sus reconocimientos en lugar de enjuiciarla. Ha logrado lo que nadie ha podido; convertirse en un referente legítimo para hacer interlocución, no solo frente al problema del secuestro sino también para una eventual salida de paz en Colombia. Por eso comparto, y lamento al mismo tiempo, su decisión de no adentrarse en la áspera política colombiana. Su escenario es el internacional, máxime cuando está demostrado que la única ilusión para que encontremos solución a nuestros problemas de violencia es la presión internacional. Es decir, contra la ‘uribefarianizacion’ del país le apuesto a la ‘ingridización’. La primera cita es el 28 de noviembre.


