Lo positivo y lo negativo

Jaime Vargas R

JAIME VARGAS RAMIREZ
22-10-08


Muy positivo el debate que ha aflorado en el Polo con miras al II Congreso. Positivo por que permite volver a tocar temas que el fetiche de la unidad parece hubiera enterrado y que en el viejo PDI estaban resueltos, pero que los nuevos compañeros de viaje (A.D) le dieron otra interpretación: El deslinde claro y sin ambigüedades con la lucha armada, la definición de partido o frente en lo organizativo, y la necesidad de un Polo amplio y flexible en las alianzas. Prueba lo anterior, que la unidad se construye, mas no se decreta.

Positivo, que la izquierda se esté moviendo en democracia, que por medio del voto estemos definiendo los asuntos medulares de la organización y que los afiliados puedan definir el rumbo ideológico del partido. Recuerdo que algún dirigente del Moir de Risaralda, en años pasados (y puede ser que aún hoy) sostenía que este modo de dirimir contradicciones o elegir dignatarios se equiparaba a la democracia de “una anónima junta de acción comunal, y que el partido se organiza de arriba hacia abajo”. Todo indica que hemos pasado del centralismo democrático a la democracia con centralismo, por darle algún nombre a este importante avance democrático.

Positivo, que los sectores del antiguo PDI se estén articulando de nuevo después de creer que éste se había acabado y que bajo el manto del PDA todo sería armonía, unidad y fraternidad. Se acabó la sigla, jurídicamente hablando, pero no políticamente, y prueba de ello es que por todo el país se palpa tal reorganización que, es de esperar, no sea mera coyuntura electoral. Que, producto de la experiencia, entendamos que las tendencias debemos articularnos so pena de ser presa de los sectores más organizados. En todo caso, se mantenga o no el híbrido organizativo más allá del II Congreso, es menester consolidar una tendencia nacional de lo que fue la idea del PDI. Si bien es cierto que propugnamos por democracia y libertad, hacia fuera y dentro del Polo, bien cierto es también que necesitamos de un centro, de articulación, de comunicación y de apoyo mutuo entre el centro y la periferia.

Positivo, que cada vez, más gente entienda que lo que está por dirimirse en el Polo es una mirada vieja o tradicional de hacer política, la del siglo XX, sectaria, dogmática antidemocrática, y otra conectada con la realidad nacional, pluralista, pacífica y propositiva, propia del siglo XXI, como la dibuja Gustavo Petro; pero además enlazada con los vientos del Sur, con los nuevos gobiernos latinoamericanos caracterizados por defender su autonomía y hacer énfasis en lo social, con una agenda diferente a la del imperio, lo que implica un avance en medio de la arremetida del neoliberalismo y la ofensiva militar de las principales potencias del orbe.

Lo negativo, que discusiones de antaño respecto a la táctica y métodos que deslegitiman la lucha política de de la izquierda, vuelvan ha hacer aparición en medio de la ola democrática que recorre la mayoría de países suramericanos; y el tiempo perdido en la puja con miras a lograr el control del aparato. Por que una cosa es que en el ideario de unidad esté consignado el rechazo a la lucha armada y a la violencia venga de donde venga, y otra muy distinta es que no seamos capaces de señalar claramente a los autores del asesinato de los diputados del valle; o que estemos contra del secuestro, pero el 4 de febrero no hallamos podido validar claramente y en la práctica, la condena a tal método de lucha. Al menos en Risaralda, a quienes nos movilizamos tal día, un sector de A.D lo que menos que nos dijo es que éramos uribistas. Esta ambigüedad nos coloca en un limbo político que nos impide mostrar consecuencia y coherencia con lo enunciado en el Ideario.

En lo atinente al control del aparato basta con señalar que el nombramiento del actual presidente nacional, Doctor Carlos Gaviria, más que un procedimiento plenamente democrático, discutido, debatido o fruto de un congreso, fue un golpe de mano producto de la embriaguez de los dos millones seiscientos mil votos que por primera vez atesoraba la izquierda. Y hoy nos dicen quienes lo ungieron, que propender por una nueva dirección y mirar otros nombres para dirigir el Polo, es atentar contra la unidad. Resabios de una izquierda tradicional que no quiere ligarse con la realidad y que más bien espera que la realidad se conecte con sus añejas tesis.

Por lo anterior, invito a los colombianos a votar por la lista 19 para el II segundo Congreso del Polo y por la lista 106 en Risaralda.

Comentarios »

Sea el primero en comentar este artículo

Por favor dejenos sus comentarios