Al agua

Por: Daniel Pacheco
Tomado de EL ESPECTADOR.COM

HACERSE CANDIDATO AL 2º CONgreso Nacional del Polo fue muy fácil. Recibí una invitación por internet, fui a una reunión, y puse mi nombre en un formulario. Listo, para la Registraduría soy un candidato, un número en un tarjetón que cualquier ciudadano puede marcar el próximo domingo.

Pero la participación en política trajo consigo varias transformaciones, reflexiones, crisis emocionales y dudas existenciales que quisiera compartir porque tienen que ver con eso de que nuestra democracia es participativa.

Lo primero para participar es decidir qué partido político es el que mejor representa lo que uno piensa. Me decidí por el Polo porque es un partido de izquierda abierto a la participación de los ciudadanos en sus decisiones y alejado de la corrupción, el paramilitarismo y el narcotráfico. Listo, ahora me refiero a todos como compañero y me busco un par de camisetas de tono amarilloso que combine con mis ojos.

No tan rápido, resulta que dentro del Polo existen muchas tendencias. Me encuentro hablando con un compañero de la JUCO, con asiento en el comité ejecutivo, que argumenta que si un candidato del Polo subiera a la Presidencia debería decirles a los soldados del Ejército de Colombia que “se fueran a su casa a estudiar”, porque el Polo va a negociar la paz con las Farc, convenciéndolos de que dejen sus métodos violentos porque el Polo promulga sus mismas ideas políticas.

Me embargan problemas de lateralidad: “Si esto es la izquierda, entonces soy de derecha”. Afortunadamente es una confusión temporal. Me acuerdo de que la idea del Congreso al que yo aspiro a ir es imponer una nueva tendencia de izquierda democrática, que rechace absolutamente la violencia.

Mientras estaba desorientado, el compañero de la JUCO siguió hablando sobre crímenes y terrorismo de Estado, víctimas, UP, etc. Ahora el problema no es si el Polo es el partido para mí, sino si yo soy el candidato para el Polo. Nunca he sido víctima del Estado, me gusta la Coca-Cola, estudié en un colegio gomelo, de vez en cuando rumbeo en la 82, gano más del mínimo, creo en el mercado libre. Ahora me siento como un impostor hablando de compañero.

“Calma compañero”, me repito hacia adentro. El pluralismo que pregona el Polo me incluye. Una izquierda de mayorías sólo se puede construir si todos participamos al lado de las víctimas y los comunistas, por dar un ejemplo, para ponernos de acuerdo y hacer reales los cambios sociales, inspirados en la Constitución del 91. Estos son la libertad, la justicia y la garantía de los derechos básicos.

El último paso es el más difícil. Ya tengo un partido y un partido me tiene a mí, ahora toca aceptarse a sí mismo como representante de otros. Eso es lo que uno está diciendo cuando se acerca a alguien a decirle “vote por mí, soy el primero de la lista de Petro en Bogotá”. ¿Será que bajo las fotos de internet en la que aparezco con ojos chinos? ¿Me peluqueo? ¿Qué he hecho para poder representar a otros?

Bajar las fotos de internet sería negar que soy joven y me gusta la rumba. La peluqueada, hecho. Y para representar a los otros no hacen falta calidades extraordinarias si uno ha trabajado con honestidad para lograr unos ideales. Nadie es igual a mí, nadie es igual a nadie. Si represento algo son ideas, y las puedo representar simplemente porque decidí participar.

danielpacheco@hojablanca.net

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