Por ahí es, doctor Gaviria

LUCHO
Por: Luis Eduardo Garzón
Tomado de EL ESPECTADOR.COM

CRECE LA PRODUCCIÓN Y LA INHAlación de droga y lo único que se le ocurre al Gobierno es penalizar el consumo mínimo. Supongo que será un buen intercambio humanitario; llenar las cárceles de consumidores a cambio de los cupos que va dejando la impunidad en la parapolítica. Por otro lado, el primer mandatario decide que el presupuesto de 2009 se recorte por la vía de los que menos han tenido atención estos seis años: los más pobres.

El costo de la canasta familiar sube a la misma velocidad que las encuestas de popularidad del presidente Uribe y, desde ya, se anuncia que la negociación del salario mínimo no tendrá en cuenta lo perdido por los trabajadores ni lo que se perderá por el deterioro de lo que se viene. El crecimiento económico cae dramáticamente como si fuera uno de los tantos derrumbes que se producen en las carreteras colombianas por culpa del inoperante Invías. Cuando la bonanza se dio, era gracias a la seguridad democrática. Hoy, es culpa de los demás. Ante el fracaso de las negociaciones del TLC, el Presidente opta por organizar un periplo de dos semanas por Nueva York y Washington, donde el único logro fue sumarle al censo electoral un voto más, dándole la nacionalidad colombiana a la mamá de uno de los estadounidenses secuestrados por la guerrilla. Ante el sube y baja del dólar, la Casa de Nariño opta por apuntar en su larga lista de indeseables a la junta del Banco de la República. Y, lo más grave, que cuando se revalúa, hay que subsidiar a los sectores ricos del campo y en cambio cuando se devalúa, también.

En materia internacional, la cara amable de Jaime Bermúdez no ha podido destrabar las relaciones diplomáticas con Ecuador y creo que tiende a enrarecer las ya maltrechas con Venezuela. En el primer caso, desde la renuncia colectiva de los Holguín, padre e hijo, ministro y embajador respectivamente, el Presidente ha decidido dejar este diferendo en manos de los únicos miembros del partido demócrata que él quiere, la Fundación Carter. Así como fue de diligente con la crisis boliviana, debería aprovechar a Unasur para que medie en este conflicto. Y a la larga diatriba anticolombiana del presidente Chávez, le da un papayazo nombrando de vicecanciller de nuestro país a Clemencia Forero, quien tomó partido a favor del golpe de Estado contra Chávez. Y en meritocracia, sí se ha ganado puntos. Tanto, que nuestros funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores ya no se despiden con el tradicional chao, sino Chaux.

En relación con la reforma que pretende institucionalizar la injusticia, aplicándosela solamente a los de ruana, ya se pasó de un ataque mediático contra la Corte Suprema a judicializarla. La versión libre no existe y los jueces más que naturales son ilegítimos, pues corresponden a un Congreso profundamente cuestionado. Ahí funciona el consorcio del Gobierno con extraordinaria celeridad.

La reforma política quedó reducida al referendo. Si no hay candidato único de la coalición, habemus Uribe 2010. Si lo hay, el jefe supremo presta el cargo por cuatro años.

En cuanto a pérdida de institucionalidad, ni hablar. Ese presidencialismo ha afectado de tal manera el equilibrio entre instancias del Estado, que cuando entrevistan al Fiscal General, se muestra tan vulnerable que parece que su única confiabilidad recae en Crispeta, la perrita que reemplazó a la fallecida Zucarita.

En síntesis, la hecatombe desde hace rato está en la Casa de Nariño. La seguridad democrática sólo tiene para mostrar los logros ante las Farc. Por eso, comparto lo que afirma el exitoso gobernante de Antioquia, Aníbal Gaviria, que la agenda está desgastada y que hay que crear otra. Diga cuándo, cómo y dónde. Estoy listo.

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Luis Eduardo Garzón

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