Academia entre las balas

Viéndolo bien. Por: Patricia Lara Salive
Tomado de EL PAIS.COM

La guerra llegó a la academia. Pero no la protagonizada por la guerrilla y el Ejército, sino una peor, la soterrada que libran ciertas castas políticas y clientelistas que apelan, incluso, al asesinato, con tal de hacerse al manejo de los recursos públicos para llenar sus bolsillos con buena parte de ellos. Lo que ocurre en la Universidad del Magdalena ilustra bien esa situación.

Esa institución, fundada hace más de cien años, la cual tiene 10.000 alumnos que asisten a 25 programas presenciales entre los que sobresale el de ingeniería pesquera, el mejor del país en ese campo, y maneja un presupuesto de $50.000 millones, 35 veces mayor que el de la Gobernación del Magdalena, entró en una crisis tal que la obligó a cerrarse por varios años. Luego tuvo como rector a Carlos Caicedo, un funcionario eficiente que logró sacar a la universidad del caos. Eso, unido a los enormes recursos que maneja, les abrió el apetito a muchos de los políticos regionales y colocó a la universidad bajo la mira de ellos quienes, seguramente, se frotaron las manos de felicidad cuando el buen Caicedo fue puesto preso y condenado por peculado en primera instancia. Entonces nombraron rectora a Carmen Yadira Romero, quien murió de cáncer al poco tiempo. Luego encargaron de la rectoría al profesor de medicina Juan Carlos Dib, un científico que llevaba cerca de diez años vinculado a la universidad.

Su historia, relatada por él en entrevista concedida a El Espectador (16-09.08), es aterradora: Dib ha recibido cerca de 70 amenazas de muerte, una de ellas en persona, ocurrida una noche que llegó a su casa luego de salir de la universidad y, al bajarse del carro para abrir la puerta, un tipo descendió de una moto, le puso un revólver en la frente, y le dijo: “tiene 30 días para salir de la rectoría o si no lo mato. Yo sólo cumplo órdenes”.

Según Dib, se trata de “mafias, no de izquierda ni de derecha, sino (de personas) que sólo quieren manejar clientelismo y que están detrás del presupuesto de la universidad para hacer negocios. Son gente de afuera ligada con gente de adentro, sectores que están opuestos al proceso democrático y participativo. (Es decir, que) hay una confrontación entre partidos por el control de la universidad”.

Dib ha presentado tres veces su renuncia irrevocable a la rectoría. Pero si se va, como no le han nombrado reemplazo, corre el riego de que lo acusen de abandono del cargo. Y si se queda, arriesga nada menos que su vida.

A la pregunta de si “ya puso su caso en conocimiento de las autoridades”, el rector encargado contestó: “cuando voy a la Fiscalía me dicen ‘usted es muy joven, dedíquese a otra cosa’. Y cuando llegan los del Gaula, me dicen que no confíe en nadie, ni siquiera en los de la Fiscalía”. Y agrega: “el esquema de seguridad me lo garantiza el Gobernador, que es el que manda la Policía departamental. Pero finalmente a él lo ponen como sospechoso por las amenazas”.

Entonces el rector de la Universidad del Magdalena concluye: “en Colombia no hay garantías. Garantías hay cuando hay conciencia ciudadana del respeto a la vida. Yo me siento seguro cuando nadie me quiere hacer daño, no cuando estoy en un carro blindado con escolta. Eso no es seguridad”.

¿O será que eso es la Seguridad Democrática?

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