Están cogidos

Por: Ramiro Bejarano Guzmán.
Tomado de EL PAIS.COM

Por más que Uribe se empeñe en demostrar que ‘paras’ y Gobierno no se aliaron para desprestigiar a los magistrados de las Corte Suprema, los hechos tozudos indican lo contrario. Para la historia quedarán las repugnantes imágenes del delincuente ‘Job’ y el abogado de un ‘paraco’ deambulando por los pasillos de la Casa de Nariño.

El Gobierno ha sostenido que los encuentros entre los enviados de ‘Don Berna’ y los funcionarios del Gobierno no fueron clandestinos, porque de ellos quedó registro en un extraño libro de control que, a la hora de la verdad, omitió el detalle principal. Si el abogado de ‘Don Berna’ no le revela a Noticias Uno cómo fue ese encuentro y el ingreso en la noche por los sótanos de Palacio, no nos habríamos enterado de nada.

En efecto, según otro funcionario que le hizo la segunda a Uribe durante la rueda de prensa, en ese libro solamente aparece anotado el ingreso de un carro conducido por Diego Álvarez –el abogado de ‘Don Berna’-, lo que hace suponer que entró solo, cuando llegó en compañía de ‘Job’, el siniestro asociado de ‘narcos’ y ‘paras’. Pero más raro todavía es que en ese mismo libro aparece que una hora después de haber ingresado salieron “dos señores” que habían subido a hablar con el Secretario Jurídico, es decir, en ninguna parte quedó memoria de que a la sede presidencial había ingresado en la noche Antonio López, alias Job. Si eso no es clandestino, ¿entonces qué es?

Lo que quedó claro en la rueda de prensa es que a Uribe lo llaman sujetos extraños, por decir lo menos, como Luis Felipe Sierra, amigo del hermano del Ministro del Interior, hoy detenido por sus vínculos con el paramilitar ‘Don Mario’. A falta de una llamada, Uribe dio cuenta de dos, una en octubre del 2007 y otra en mayo de este año, al parecer para hablarle de problemas de orden público. Adicionalmente, Uribe informó que se citó con Sierra en Medellín para recibir información que no resultó relevante. Raro todo esto, pero más todavía que ese mismo personaje también ingrese a la Casa de Nariño como invitado a la posesión del tambaleante Ministro del Interior.

Y más extraño aún que ese mismo Luis Felipe Sierra haya resultado un afortunado contratista de este Gobierno, en materias relacionadas con el proceso de Justicia y Paz, como lo tuvo que admitir el siquiatra del régimen, Luis Carlos Restrepo.

Imposible, entonces, negar que Luis Felipe Sierra es amigo entrañable del hermano del Ministro del Interior, contertulio del último, interlocutor de Uribe, visitante ocasional de la ‘Casa de Nari’, y para más señas, contratista de este cuatrienio curiosamente en temas de Justicia y Paz.

A lo anterior se suman las mentiras y excesos presidenciales. Como la sindicación de complicidad al honorable y valeroso periodista Daniel Coronell de un posible cohecho en el que quien está involucrado es Uribe y no el comunicador; o cuando sostuvo la falsa versión de que el magistrado Iván Velásquez no había negado a los medios que lo estaba investigando. El Mandatario cree que como nadie se atreve a contra interrogarlo, sus falacias se vuelven verdades. Si eso es en público, cómo será en privado.

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