¿Cuál es la moraleja?

Antanas Mockus *
Tomado de EL TIEMPO.COM

Uribe mantiene la iniciativa, nos pone a discutir, a enredarnos en el detalle. Al darse cuenta de que la ’silla vacía’ podría hacerle perder las mayorías, el Presidente habilitó una comisión de notables para que propusiera una reforma institucional que finalmente recogió la propuesta hundida, pero inevitablemente la aplazó. Hágase ya lo que se haga, la ’silla vacía’ operaría a partir del 2010. Y no de manera inmediata, como lo proponía el sector más decente del uribismo y la oposición, quienes buscaban responder, en actitud de sano autocastigo, al escándalo de la ‘parapolítica’.

Como decía el locutor de fútbol, “la bola va rodando, rodando, y el tiempo va pasando, pasando”. Olímpicamente, Uribe ya sacó del tiempo de su gobierno las eventuales consecuencias de la ‘parapolítica’. Lo mismo ya hizo en buena parte con el voto de Yidis Medina que salvó la reelección.

En efecto, la Corte Constitucional, en defensa de la estabilidad institucional y la seguridad jurídica, ya se pronunció: el cohecho confesado por Yidis quedó asimilado al gol que Maradona metió con la mano en pleno mundial de México. Aunque el árbitro constitucional vea el video y se dé cuenta, ya no puede anular ni el gol ni sus consecuencias. Por ello, nuestro Maradona dejó ya de pedir que repitan las elecciones habilitadas por el dudoso gol. Lo único que hace falta es que a imagen y semejanza del video La mano de Dios salga en Colombia un video llamado El voto de Dios.

Uribe se muestra dispuesto a entregarle al Congreso plenos poderes para darle a éste poder de retaliación contra la justicia. No hay que confundirse: si el Gobierno pone en marcha una reforma constitucional de la justicia colombiana, el Congreso es autónomo para modificarla. Por eso no hay que dejarse confundir por el detalle. El Gobierno podrá decidir qué proyecto presenta, pero no cuál sale. Y si el Congreso exagera, Uribe podrá escudarse en su popularidad para mitigar o hundir la reforma. Con presentar un proyecto de reforma de la justicia, Uribe ya le habrá cumplido, y de sobra, a quienes vincularon su elección o reelección con la de él. Una invitación a votar los proyectos hasta el último día antes de ir a la cárcel sólo se puede hacer cuando hay una lealtad recíproca de por medio.

Como experto en negociación que es Uribe (¿no deberían las Farc aprovechar esto?), no tiene ningún reato en adornar el proyecto con algunas gabelitas: alargar el período de los magistrados de 8 a 12 años, subir de 65 a 70 años su edad de retiro, permitir la cooptación (que entraría a operar una vez la Corte Constitucional haya sido mayoritariamente designada directa o indirectamente por él).

Proponer las dos reformas, la política y la de la justicia, es la mejor manera que tiene Uribe de proteger a los partidos uribistas, distrayendo a la opinión que quisiera saber qué significa tener personas vinculadas a la ‘parapolítica’ en las bancadas que lo apoyaron. (La bancada menos afectada tiene el 18 por ciento de sus miembros y la más grave tiene involucrados no sólo a todos los titulares sino también a todos los reemplazos de estos). De hecho, ya se conocen las primeras condenas. ¿Será que hubo una especie de golpe de Estado regional y no nos dimos cuenta? Un golpe de Estado diez veces más cruento en número de muertes, desapariciones, masacres y desplazamiento forzado que los golpes militares de los 70 en el Cono Sur.

¿Las dos reformas propuestas están inspiradas en el amor a las instituciones? ¿O estamos ante la aplicación de “la mejor defensa es el ataque”? ¿Uribe el popular arropa al uribismo político o viceversa? ¿Quién sirve en última instancia a quién?

* Ex alcalde de Bogotá
antanasmockus@visionariosporcolombia.com
Antanas Mockus *

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