Mentira militar y mentira política
LEON VALENCIA
Tomado de EL TIEMPO.COM
Quiero pensar que el presidente Uribe, el Ministro de Defensa y los altos mandos militares incurrieron en una confusión de escenarios al decir, primero, que no se había utilizado ningún símbolo humanitario en la ‘Operación Jaque’; aceptar luego que lo había hecho un soldado nervioso sin autorización; y admitir posteriormente que se había hecho desde un principio, pero ellos no sabían. Confundieron el campo militar y el campo político. En el primero, la mentira es una obligación; en el segundo, es una transgresión a mínimos éticos.
Los campesinos del Llano, para pasar un ganado por un río infestado de pirañas, tiran al lado de abajo del río una vaca vieja, para que las pirañas se lancen sobre ella y el resto del ganado pueda pasar tranquilamente por el lado libre de pirañas. De estratagemas parecidas está hecha la acción militar. Es la naturaleza del oficio. El arte es engañar al enemigo. De eso depende la victoria.
En cambio, en la política la relación principal es con el ciudadano, o con otros países, o con organismos internacionales, y allí, aunque se admiten también simulaciones y silencios, el énfasis se hace en la verdad y en la persuasión. Hablo del deber ser de la política. De una política sana que respeta a los ciudadanos, a los demás países y a los organismos internacionales y quiere reducir la manipulación y el engaño, tan frecuentes en la vida pública.
Quiero creer que se trata de una confusión, porque me niego a pensar que un mandatario se atreva, sin ningún atenuante, a pararse ante las cámaras de televisión de Colombia y del mundo para decir estas cosas a sabiendas de que pueden ser descubiertas fácilmente.
Ahora bien, la transposición de escenarios, la idea de que en materia informativa se puede obrar de la misma forma en una operación militar y en la vida política; la ilusión de que se puede tratar de manera similar a la opinión pública y a las Farc; sólo se puede explicar porque en los medios de comunicaciones del país y en los ciudadanos se le ha dado esta licencia al Gobierno. El país traga entero. Pero para sorpresa, también algunos organismos de la comunidad internacional, porque no de otra forma se entiende la débil reacción de la Cruz Roja Internacional ante la utilización de sus emblemas.
El engaño se convirtió en el pan de cada día cuando se trata de presentar ante la opinión las acciones sobre los grupos armados ilegales. Desde las negociaciones en Santa Fe de Ralito, hasta la muertes de ‘Raúl Reyes’ y ‘Marulanda’. Aquellas que empezaron como un gran proyecto de reconciliación terminaron en un burdo proceso de sometimiento a la justicia y en el resurgimiento de nuevos y más feroces grupos armados. Estas, que empezaron como acciones militares impecables y legítimas, resultaron, la una, en un gran lío diplomático, y la otra, quizás, en un deceso por vejez y enfermedad.
El Gobierno descubrió que es mil veces más importante la presentación al público de la acción sobre un grupo armado ilegal que la acción misma. Se percató de que los reveses o las victorias podían tener color distinto según se los presentara ante los medios. Se dio cuenta, igualmente, de que al entregar la información podía deslizar algunos engaños que pasaban desapercibidos ante la magnitud de la victoria o el dolor por el revés sufrido.
Pero hubo un hallazgo más importante aún. El Presidente entendió que, cada logro de la seguridad democrática, acompañado de una gran presentación en público, le permitían ascender de manera permanente en las encuestas, soslayar otros grandes problemas colombianos y tener un ariete para golpear sin misericordia a los opositores. Mentir en la política resultaba tan rentable como mentir en la acción militar.
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León Valencia


