Un gurre de estrategia

LUCHOPor: Luis Eduardo Garzón
Tomado de EL ESPECTADOR

NO NOS DIGAMOS MENTIRAS. LA reforma política que podría conducir a que las próximas elecciones tuvieran un marco decente está a punto de terminar en nada por enésima vez.

Con la táctica de que ‘la mejor defensa es el ataque’, el Gobierno pretende eludir la responsabilidad. Fijar la atención en la reforma a la justicia es parte de esa estrategia. Si a ello se agrega que el próximo 11 de agosto se presentarán a la Registraduría Nacional las firmas que promueven un nuevo referendo, abriendo la tri elección presidencial, los tiempos para discutir el informe de la comisión de notables serán para cuando Tomás Uribe celebre en Palacio de Nariño la primera comunión de su futuro primogénito.

El ministro Valencia Cossio es todo un maestro en el arte de ‘si no puedes cooptar a tu contradictor, confúndelo’. Cambia los gestos dependiendo de las circunstancias. En su posesión, conciliador con cara de Premio Nobel de Paz. O camorrista, al mejor estilo de Ortega, cuando quiere poner contra las cuerdas a su oponente. Y académico aristotélico, cuando de pontificar se trata. Como él mismo lo dice, tiene la piel de gurre que le permite asimilar cambios de postura propios de “Dos Caras”, uno de los enemigos de Batman. La diferencia con este personaje es que el doctor Fabio cuenta con un equipo de comunicaciones con columnistas reconocidos, que hace unos meses consideraban a los parlamentarios como la reproducción de Herodes y que ahora los muestran como si fueran los santos inocentes. En lugar de reconocer la segunda instancia de la propia Corte para corregir los errores judiciales, como fue el caso de Luis Fernando Velasco, lo vuelven símbolo de las arbitrariedades de lo que ellos llaman la santa inquisición de la justicia.

Sabe el senador Velasco de mi aprecio y respeto por su trayectoria política. Es más, no dudé en llamarlo el día de su detención para expresarle mi solidaridad, recordándole aquel poema de Pío Baroja que dice: ‘los perros tienen cara de perros, los gatos tienen cara de gatos y los seres humanos no siempre tienen cara de humanos’. “Usted, tiene cara de ser humano”. Y no me equivoqué. Está libre, y podrá sacar su nombre adelante. Pero de ahí, a volver un rasero que toda investigación sobre ‘para’ o farcpolítica es injusta, hay un abismo.

No seré jurista, pero pendejo no soy. Como tampoco lo es el ministro de la política. Él, como yo, sabemos que aquí no se discuten los intríngulis jurídicos del Estado, sino las nuevas correlaciones del poder presidencial. No soy juez, pero nunca como ahora ha quedado claro que la justicia no solamente es para los de ruana. No soy un columnista reconocido, pero sé la importancia que tiene el promover el radiobemba en frecuencia lengüilarga (mensaje de boca en boca) que hace demolición a los que se creen dueños de la opinión.

Cuando de gobernar se trata, lo he hecho. No dudo en concertar y negociar entendiendo las razones del otro. Pero cuando, como ahora, se intenta imponer semejante exabrupto, hay que empezar a protestar. Coyunturas favorables como ésta para la oposición no aparecen todos los días. Más cuando ella la encarna un hombre como Carlos Gaviria, no sólo con un claro ejemplo de su vida ética sino también como un constitucionalista reconocido. Aquí no pueden existir titubeos para acompañar liderazgos. Ya empezó el Procurador y ahora nos toca a todos los que consideramos que la lucha es por defender la democracia.

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Luis Eduardo Garzón

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