Las izquierdas de cara al 2010
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO
Me encontré en una recepción con Carlos Gaviria y me preguntó, un poco molesto, que cuál era mi interés en dividir el Polo Democrático. Creo que aludía a una intervención que había hecho en el festival de la revista El Malpensante, en Bogotá, a principios de julio. Allí había expresado que lo mejor que les podría ocurrir a las dos vertientes del Polo, hacia el 2010, era presentar dos candidaturas presidenciales en primera vuelta y quizás, desde ahora, separarse en dos movimientos distintos.
En todo caso me sorprendió un poco la pregunta del presidente del Polo y pensé unos minutos si tenía algún interés personal específico en promover la división de ese partido. En verdad no tengo ninguna motivación oculta, ni un propósito particular, al expresar estas opiniones en público. No participo en política práctica, no hago parte de una facción del Polo, no voy a presentarme a algún cargo de elección. Pero sí me preocupa la suerte de la izquierda porque tengo allí mis sentimientos y porque creo que a la democracia colombiana le hace mucha falta una izquierda robusta y protagónica.
Lo que digo es que en ninguna parte del mundo están en el mismo agrupamiento partidario la izquierda socialista y la comunista. Para traer una muestra: en España siempre han estado aparte el Partido Obrero Socialista Español y la izquierda Unida. También en América Latina: en Chile, en Brasil, en México, se encuentran en toldas distintas. Es el reconocimiento de que son corrientes de pensamiento son muy diferentes.
Acá, en Colombia, para las elecciones del 2002 se presentaron en grupos distintos. Luego, por la presión del umbral al que obligaba la reforma política y por el mito de que la unidad por sí misma tiene un gran arrastre electoral, se juntaron en un solo partido. No fue en vano. En las elecciones del 2006, tanto en las parlamentarias como en las presidenciales, se registró un avance electoral importante.
Pero hasta ahí. Después las distintas vertientes se han enfrascado en una pugna en el interior del Polo que se ha empezado a reflejar en la acción política pública. Las elecciones locales, con excepción de Bogotá y Nariño, fueron un fracaso. La incapacidad para intervenir con solvencia en el debate nacional y en las labores de oposición al gobierno de Uribe ha sido manifiesta. No hay una reflexión común, ni un punto de vista unificado. Cada quien echa por su lado.
Es evidente que Lucho Garzón expresa una opinión lindante con la socialdemocracia y en esa misma tónica están varios parlamentarios y un grupo importante de militantes de base. Al otro lado, en un proyecto más radical, están el MOIR, el Partido Comunista y muchos líderes sociales.
Eso no tiene nada de malo. Unos y otros tienen su papel en la sociedad y en la vida política. El punto de vista del Senador Robledo sobre el TLC o sobre temas agrarios y económicos, por ejemplo, es importantísimo para el país. Lo mismo muchas tesis sindicales del Representante Wilson Borja. Pero la confianza que genera Garzón en sectores de las clases medias y altas de la sociedad, con sus ideas de seriedad fiscal y de gobierno para todos, es vital en la búsqueda del poder.
Tengo la convicción de que a estas vertientes les puede ir mejor si organizan movimientos distintos. Garzón a la cabeza de un agrupamiento más tirado al centro del espectro político podría obtener un importante caudal de votos en las elecciones presidenciales. Por su parte, Carlos Gaviria, al frente de la izquierda radical podría consolidar un bastión crítico tan indispensable en una sociedad tan desigual como la colombiana. Sería una división creadora.
En cambio la unidad actual lo que hace es restar. Unos y otros se neutralizan. Unos y otros se desprestigian en las peleas que cazan con frecuencia. Separados pueden tener una actitud más tranquila y buscar alianzas para temas específicos y para eventos electorales concretos. Pueden hacer más en las elecciones del 2010. Les tocara resolver, eso sí, cómo pasan el umbral para conservar su personería jurídica, pero esa no debe ser la única razón para estar juntos.




