Legislando contra el pueblo

Por HERNANDO GARCÍA MEJÍA
Tomado de EL NUEVO SIGLO.COM

UN Congreso espurio, impuesto por bandidos y con la connivencia del presidente Uribe, reelegido por cohecho, no puede representar dignamente al país. Los ciudadanos de bien somos conscientes de ello. Por eso y por otras razones más en las encuestas la maleada institución obtiene una calificación tan baja que debería avergonzar a sus componentes, que antes que senadores son -valga el juego de palabras- cenadores tragones del presupuesto nacional, engordado con nuestros impuestos. Casi todo en este país está gravado, pues hay que pagar una manada de zánganos cuya principal función es acolitar las arbitrariedades y caprichos del régimen. Abusando de sus corrompidas mayorías, éste hace lo que le da la real gana y la minoría oposicionista y crítica no puede ejercer el papel coercitivo o reformador que prescribe la democracia.

Muy poco funciona en este oscuro y fétido Congreso de bolsillo. Pero, como al fin y al cabo hay que cumplir el rol de legislar y descrestar calentanos, sus miembros lo intentan muchas veces contra el elector primario. ¿Pruebas? El proyecto de multas para las compras en semáforos. Maltratan a los desempleados penalizando una actividad lícita que les permite subsistir malamente para no tener que engrosar las hordas de la delincuencia común, cada vez más abundantes, invasivas y peligrosas.

Pero, eso sí, cuando se trata de defender o aumentar privilegios los “honorables padres de la patria”, como pomposamente se les llama, saltan con presteza. Hace poco aprobaron un proyecto de ley para aumentarles el sueldo en un 44% a los diputados del país. Y ahora andan metidos en el insólito embeleco de prohibir los nombres raros dizque porque avergüenzan la dignidad de sus poseedores. Eso no se discute. Pero, ¿qué importancia tiene que un fulano se llame Loteno Palau o Medásculo Moreno en un país bombardeado por tantísimos problemas que urgen atención prioritaria? ¿Y qué tal legislar para aumentar la velocidad en las pésimas carreteras de Andrés Uriel, el benemérito y rezandero “hijueputeador”?

Este paranarcocongreso que no se deja purificar e impide controles sanitarios como la “silla vacía” es una verdadera vergüenza y una física cloaca. Ningún ciudadano honrado, pensante e inmune a la narcosis uribista puede, en realidad, sentirse bien representado por él.

Broches

El Consejo de Estado salvó la Pila y de paso al ministro incompetente. Los problemas de los pobres lo tienen sin cuidado. ¿Largas filas con hambre a la intemperie? Qué importa. ¡Que las hagan! Como ellos van en coches blindados, seguros, tranquilos y con la panza rebosante, qué van a fijarse en las miserias de la calle.

La paremiología sugiere desconfiar de los rezanderos, pues por lo general aplican de maravilla un dicho archiconocido: Quien peca y reza empata.

hergamex@une.net.co

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