Aterrice señor Ministro
Por JUAN MANUEL OSPINA RESTREPO
Tomado de EL SIGLO.COM
SOBRE el papel, la decisión del ministro de Protección luce impecable: que los trabajadores independientes paguen sus cuotas a la seguridad social -salud y pensiones- para que el sistema contributivo, el que se arma con el sacrificio y los dineros del trabajador-contribuyente, funcione plenamente y tenga la financiación requerida. Ello exige que, obligatoriamente, se cotice simultáneamente para salud y pensiones. Por esa vía se aumentaría el recaudo, que el sistema necesita para enjugar el desfinanciamiento que lo amenaza, y avanzar en el aseguramiento universal de la población, en especial en la cobertura de pensiones. Para hacer el sistema más ágil y más moderno, el pago lo harán los interesados personalmente por Internet o en unos pocos puntos habilitados para el efecto, a través de la famosa planilla Pila.
Todo esto suena bien salvo que quienes diseñaron la política estaban pensando que en Colombia el universo de los trabajadores independientes está conformado por jóvenes profesionales que desde su casa y con su computador alimentan el “outsourcing” de servicios profesionales que caracteriza crecientemente la organización de sectores de la “nueva economía”, en la cual las plantas de personal son gradualmente sustituidas por contratos de servicios profesionales y donde el sitio de trabajo ya es de alguna manera virtual al laborar el trabajador aislado, solo con su computador y poco más.
Sin embargo, la realidad es bien distinta, pues aunque existe ese tipo de trabajador independiente -profesional especializado y bien remunerado-, es una minoría. La inmensísima mayoría de nuestros trabajadores independientes se debate en la precariedad a la que quedó reducido el empleo en Colombia gracias a la funesta reforma laboral aprobada al inicio del primer gobierno de Álvaro Uribe, enfrentados a la inestabilidad del rebusque y a la insuficiencia del salario mínimo. Se hallan en las antípodas de lo que se requiere para poder responderle a la nueva política. El resultado es el gigantesco despelote actual, reforzado por la amenaza de que la cobertura del aseguramiento en el país disminuya en vez de aumentar, pues al no poder muchos de esos trabajadores cumplir las irreales condiciones de la medida, se verán privados de la cobertura en salud que tenían gracias a su propio esfuerzo, no al del Estado.
Estamos ante un nuevo exabrupto de una tecnocracia prepotente, insensible e ignorante de nuestra realidad, que se cree gobernando un país del primer mundo y no a esta Colombia inmarcesible. Las disposiciones criticadas valen para el yuppie hipertécnico o con bufete de alto turmequé, pero no para quien mal vive con un salario mínimo o menos y acogotado por la incertidumbre de un mañana sin definición. La alarmante precarización del empleo en el país -incierto y con ingresos que escasamente dan para el día a día-, no permite desarrollar un régimen contributivo para la seguridad, como el que sueñan nuestros despistados gobernantes y sus equipos técnicos. ¡Aterrice señor ministro de la Protección!
juanemeospina@gmail.com




