Los contactos directos con Cano
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO.COM
Otra vez el presidente Uribe anuncia que buscará contactos con las Farc para iniciar unas negociaciones de paz. En esta oportunidad señala que no apelará a facilitadores internacionales y que intentará establecer un enlace directo con Cano. También el jefe guerrillero, en el comunicado donde se refiere a la libertad de Íngrid y los demás prisioneros, deja las puertas abiertas para negociar el intercambio humanitario.
Y uno, que anhela siempre que se encuentre una salida negociada para el conflicto, cruza los dedos para que esta empresa tenga algún éxito. Pero sabe que es muy difícil, porque las partes están haciendo mayor énfasis en el pulso militar y tienen el recurso de la salida negociada como segunda opción.
No podemos decirnos mentiras. El Gobierno y las fuerzas militares están exultantes con la victoria obtenida en el rescate de Íngrid y no es para menos. Con la salida a la libertad de esta mujer tan importante para el mundo y de los tres norteamericanos, las Farc han perdido la guerra de rehenes que venían adelantando desde años atrás. Han perdido una poderosa arma política que esgrimían para atraer la atención internacional.
Han quedado reducidos a la dura confrontación en lo profundo de las montañas donde sus fuerzas intentan defenderse del asedio del Ejército que con redoblado brío quiere destruir hasta la última de sus estructuras.
En los dos años que faltan para la culminación del segundo mandato de Uribe lo más probable es que el Gobierno intente una victoria total al estilo Fujimori en el Perú. Ese será su esfuerzo fundamental. La prescindencia de los mediadores y facilitadores internacionales es un signo de este propósito. El Gobierno sabe que la desconfianza entre las partes es abismal y por ello es casi imposible realizar cualquier negociación sin una presencia internacional activa.
Pero las Farc tampoco deben estar pensando en algo distinto a resistir militarmente a la ofensiva gubernamental y a tratar de llegar con vida al 2010. Quizás también hablen de negociación, quizás también se avengan a algún tipo de contacto. No obstante, su esfuerzo principal se concentrará en sobrevivir.
A lo largo de su historia esta guerrilla ha escogido los momentos en que está más activa y a la ofensiva para sentarse a la mesa de conversaciones y es muy probable que en esta ocasión proceda de la misma forma. Al mismo Cano le queda muy difícil llevar a la negociación a las Farc a pocos meses de asumir el mando.
Nadie puede descartar en este momento que el Gobierno logre destruir a la guerrilla. Las últimas victorias han creado esta ilusión. Pero no es fácil. La crisis económica y los posibles cambios en la política norteamericana van a condicionar la continuación del aumento de la inversión del Estado en la guerra.
Tampoco se debe olvidar que la guerrilla colombiana no se parece en nada a Sendero Luminoso en el Perú. Es una insurgencia menos ideológica, más pragmática, con mayor capacidad de adaptación a circunstancias difíciles. Tanto las Farc como el ELN tienen experiencias de anteriores derrotas y no dependen de un solo jefe como dependía la guerrilla peruana de Abimael Guzmán.
En todo caso es muy bueno que se empiece a hablar con insistencia de unas negociaciones de paz porque, si al terminar este mandato Uribe no logra una derrota completa de las guerrillas, la dirigencia del país tendrá que pensar muy en serio una propuesta viable de paz. También las guerrillas estarán en eso porque seguramente habrán comprendido con tristeza que la victoria militar es una quimera.
Las Naciones Unidas tienen una figura para señalar cuando en un conflicto ha llegado el momento de la negociación. Dicen que cuando hay “un empate mutuamente doloroso las partes se ven impelidas a buscar la negociación”. El empate será realmente angustioso si al amanecer del 7 agosto de 2010 todavía tenemos unas guerrillas con un mando nacional responsable y una capacidad de perturbar el orden público en múltiples zonas del país. Al mandatario que ocupe ese día el sillón presidencial le corresponderá dar una verdadera señal de esperanza para la paz.




