Escenarios después de la liberación

Leon Valencia
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO.COM

Quienes hacemos columnas de opinión desde una posición crítica raras veces podemos escribir manifestando una total alegría. Pero esta vez lo podemos hacer. La liberación de quince personas sin el menor percance es la noticia más importante que ha tenido el país en los últimos tiempos. Íngrid se había convertido en el símbolo del dolor del país y en el signo más trágico de la degradación de nuestra guerra. Podemos ahora tener un respiro.

No importan los detalles del operativo. Sea porque se logró una anuencia del grupo que tenía en su poder a los secuestrados o porque se cayó sorpresivamente sobre el campamento y se los rescató sin disparar un tiro, la acción es un triunfo sin precedentes de las Fuerzas Armadas colombianas y de su labor de inteligencia.

El tono de la alocución del Ministro de Defensa dando el parte de victoria fue además extrañamente sobrio y muy interesante. Ofreció una paz digna para las Farc. ¿Qué significa esto? No sabe uno qué tenga en mente el Ministro y el señor Presidente, pero para empezar, la paz digna, alude a una salida negociada y no a un ultimátum de rendición.

Las Farc han quedado desnudas. La guerra de rehenes que adelantaba se ha venido al suelo, la utilización del secuestro como arma política no tiene mayor cabida después de esta liberación.

Ya no tendrán el gran parlante internacional que les daban estas personas secuestradas. Les queda la contienda bélica en lo profundo de las montañas, la ruda lucha entre sus pequeñas unidades y la fuerza pública.

Y en esta lucha doméstica y montuna caben dos escenarios en los próximos tres o cuatro años: una derrota de la insurgencia al estilo del Perú, es decir, la destrucción total de sus fuerzas con las graves consecuencias sociales y humanitarias que esto trae; o una negociación digna de paz.

El primer escenario no es del todo descartable porque ya se ha visto que las Farc atraviesan por muchas dificultades en el momento, pero no es tan fácil como en el Perú, la guerrilla colombiana tiene una gran baraja de mandos y está bien asentada en las selvas colombianas y tiene un apoyo en campesinos cocaleros y en fuerzas marginadas de la sociedad. Y el segundo escenario sólo es posible si el ministro de Defensa y el Presidente Uribe llenan de contenido esta oferta de paz digna y la vuelven atractiva para la insurgencia.

Pero también con la llegada de Íngrid a la vida civil se sacude el escenario político. Uribe sale otra vez tremendamente fortalecido de la coyuntura, pero falta ver cómo recibe la sociedad colombiana a una mujer que asumió una posición tan altiva y decente en una condición de esclavización horrorosa.

Cabe la posibilidad de que Íngrid se convierta en la rival que no ha tenido Uribe en los últimos años.

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