La democracia plebiscitaria

Al margen. Por: Germán Patiño
Tomado de EL PAIS.COM


Si no está bien cambiar la Constitución para beneficio propio, menos aún oponerse a las decisiones jurídicas apelando a la “soberanía popular”.

Cuando se ha cometido un delito, la solución no se encuentra en impedir el funcionamiento de la justicia deshaciendo el entuerto sino castigando al culpable. Resulta un tanto esquizofrénico pensar que la apelación a la voluntad popular puede limpiar de manchas procesos que navegaron en aguas turbias.

No hace mucho, en esta columna, advertí que la Yidispolítica podía tener consecuencias aún más graves que el de la parapolítica. Lo estamos viendo: no sólo un grupo de altos funcionarios del Estado se encuentran a las puertas de la cárcel, luego de la condena de la señora Medina, sino que estamos a punto de meternos en una aventura electoral inédita, que puede terminar por descuadernar el país.

Yidis Medina es una ‘joyita’ con la que no pactaría nada un político decente. Pero se hizo, y ahora se están pagando las consecuencias de la ligereza. A quienes la ambición los llevó a hacer alianzas con el diablo para obtener sus propósitos, no los salvarán las bravatas ni mucho menos la descalificación del diablo después de haberle vendido el alma. Se requiere de más valor civil para aceptar las responsabilidades y pedir perdón al país por los errores, que para tronar por los medios pidiendo la repetición de una elección mediada por incontables anomalías y originada en acuerdos sucios.

Desde luego, lo más grave es la propensión a resolver todos los problemas que se presentan, o que se generan, con la apelación a referendos y plebiscitos. Este camino ya lo recorrió Europa en el período de las entreguerras, en particular Herr Hitler en Alemania, un mandatario con enorme y permanente popularidad y aceptación entre el pueblo de ese país, que aprovechó para liquidar la democracia en el país de Goethe y sumir al viejo continente en los horrores de la II Guerra Mundial. La democracia se liquida con los plebiscitos, en especial si ellos obedecen a los caprichos de un gobernante o buscan evadir las decisiones de los jueces.

Si se quiere transitar por un camino de desequilibrio de poderes, caprichos autoritarios y acentuación de las desigualdades de los ciudadanos ante el poder, nada mejor que apelar a los plebiscitos, pasando por encima de las instituciones, de los mecanismos de representación y de las tradiciones políticas que posibilitan los acuerdos y las transacciones democráticas.

Me parece triste la satisfacción expresada por algunos dirigentes políticos por la condena de Yidis Medina, pero su silencio cómplice hacia las actividades de los cohechadores. ¿No saben, acaso, que una condena por cohecho entraña el mismo castigo para los determinadores del delito? Y que no apelen a la decencia, porque no es de gente limpia revolcarse en el fangal donde hozan los cerdos.

Pasamos por un momento vergonzoso de nuestra democracia que será recordado con pena. Sobre todo porque un presidente que tenía todas las posibilidades de pasar a la historia por la puerta grande, prefirió las trastiendas y los territorios oscuros, tanto de la política como de su compleja y extraña personalidad. Uribe es el hombre más raro que conozco, dijo alguna vez su esposa. Y tenía razón.

Comentarios »

Sea el primero en comentar este artículo

Por favor dejenos sus comentarios