Cosecha de hambre
Jomo Kwame Sundaram *
Tomado de EL TIEMPO.COM
La falta de alimentos raras veces es la causa por la que hay personas que pasan hambre. Incluso ahora, gracias a que este año ha habido una cosecha excepcional, hay alimentos suficientes en el mundo, pero hay más personas que no pueden pagar los alimentos que necesitan. El de abordar esta crisis en aumento es el fin de la Conferencia Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, que se celebrará en Roma del 3 al 5 de junio.
Incluso antes de las bruscas subidas de los precios de los alimentos, mil millones de personas, aproximadamente, padecían hambre crónica, mientras que dos mil millones padecían malnutrición, con lo que el total de personas que padecían inseguridad alimentaria ascendía a unos tres mil millones, es decir, casi la mitad de la población del mundo. Unos 18.000 niños morían diariamente como consecuencia directa o indirecta de la malnutrición. Evidentemente, es probable que los recientes aumentos de los precios de los alimentos aumenten aún más el número de personas vulnerables al hambre transitoria.
Ahora existe una necesidad urgente de financiar los programas vigentes de ayuda alimentaria para abordar unas mayores demandas de alimentos, evitar mayores disturbios sociales y velar por que los agricultores consigan los insumos, más caros, que necesitan para la próxima temporada de siembra, pero, al reaccionar ante la actual emergencia en materia humanitaria provocada por unos mayores precios de los alimentos, no debemos perder de vista los problemas a largo plazo que han socavado la seguridad alimentaria en los últimos decenios. Está claro que se necesita urgentemente un “nuevo trato” en pro de la seguridad alimentaria.
Los importantes aumentos en la producción de alimentos relacionados con la “revolución verde” en el decenio de 1960 -con considerable apoyo gubernamental e internacional sin ánimo de lucro- dieron paso a nuevas prioridades políticas en el de 1980. Mientras que se redujo el aumento de la oferta de alimentos, la demanda siguió aumentando y no sólo por el aumento de la población. Con rentas mayores, el aumento del consumo de carne requiere más cereales para pienso animal.
Desde el decenio de 1980, los gobiernos han estado acuciados por la necesidad de fomentar las exportaciones para obtener divisas e importar alimentos, pero no se pueden considerar los alimentos como cualquier otro producto básico, por lo que los gobiernos deben formular políticas y crear infraestructuras e instituciones adecuadas para garantizar la seguridad alimentaria (que no se debe equiparar con la autosuficiencia total) en los niveles nacional y regional.
El problema estriba en que, al haber desatendido durante decenios la seguridad alimentaria y los sectores productivos de sus economías, los gobiernos de muchos países en desarrollo carecen ahora de la capacidad fiscal para aumentar el gasto público con vistas a intensificar la producción de alimentos y la productividad agrícola. Además, el aumento de la urbanización y de otros usos no agrícolas de la tierra ha reducido la superficie disponible para la producción de alimentos, mientras que se usan cada vez más las tierras agrícolas para producir materias primas distintas de los alimentos, como, por ejemplo, los biocombustibles.
Pero no debemos apresurarnos a abandonar los biocombustibles, pese a que en los últimos años ha habido indudablemente políticas deficientes al respecto. Algunos biocombustibles son mucho más rentables y energéticamente eficientes que otros y las diferentes existencias de biocombustibles entrañan muy diferentes costos de oportunidad para la agricultura alimentaria (el azúcar no ha experimentado aumento importante alguno de su precio).
Otro problema es el de que ahora domina la comercialización, la producción y los insumos un número cada vez menor de agroempresas transnacionales, lo que en gran medida redunda en perjuicio de los pequeños agricultores y los consumidores, en particular los pobres. Además, con menos apoyo gubernamental, el crédito rural ha llegado a ser con frecuencia prohibitivo.
Además, una mayor titulización, una mayor facilidad para las transacciones bursátiles electrónicas y otras novedades de los mercados financieros de los últimos años han facilitado unas mayores inversiones especulativas, en particular en materia de futuros de materias primas y mercados de opciones, incluidos los que afectan a los alimentos. La bajada de los precios de los activos en otros segmentos de los mercados financieros, a raíz del desplome de las hipotecas de alto riesgo en los Estados Unidos, puede ser más importante para explicar el reciente aumento repentino de los precios de los alimentos que las limitaciones de la oferta y otros factores subyacentes de las tendencias a un aumento gradual de los precios.
Entre tanto, las subvenciones agrícolas y los aranceles de los países ricos han socavado indudablemente la producción de alimentos en los países en desarrollo. Sin embargo, la reducción de las subvenciones agrícolas aumentará los precios de los alimentos, al menos al principio, mientras que la reducción de los aranceles agrícolas por sí sola no propiciará necesariamente un aumento de la producción de alimentos en los países pobres sin un apoyo complementario.
En cambio, algunos defensores de la seguridad alimentaria han pedido a los países ricos que compensen las consecuencias negativas de sus subvenciones agrícolas y su proteccionismo prestando una mayor ayuda exterior al mundo en desarrollo, con atención particular a las producciones que mejoren la seguridad alimentaria. Para evitar la catástrofe, la comunidad mundial debe atender también las necesidades urgentes en materia de alimentos de emergencia y de siembra antes citadas, incluido un apoyo más generoso en materia de presupuestos y balanzas de pagos a los países de renta baja e importadores de alimentos.
Por último, cuando los dirigentes del mundo se reúnen en Roma, la comunidad internacional debe garantizar un compromiso mundial sincero con la seguridad alimentaria que no resulte socavado por políticas contradictorias.
* Jomo Kwame Sundaram, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas para el Desarrollo Económico, recibió el premio Wassily Leontief en pro del avance de las fronteras del pensamiento económico.
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Jomo Kwame Sundaram *


