Y el Polo, ¿qué?
Lucho Sin Rodeos
Por: Luis Eduardo Garzón
Tomado de EL ESPECTADOR.COM
LA CRISIS DEL CONGRESO DE LA República se parece a la de una discoteca incendiándose, con todos sus ocupantes tratando de salvarse, dependiendo de sus intereses. Ni siquiera cuentan con oxígeno o primeros auxilios.
Los conservadores se defienden con el argumento de que son una obra antiquísima, a mi modo de ver, más en la vía de hacer parte del Museo Nacional que de la vida política. A los de La U, su propio padre les manda a decir que los declara hijos ilegítimos sin derecho alguno. En Cambio Radical andan buscando jefe, pues en medio de esta crisis el que parió la criatura abandonó el puesto. Los liberales parecen un carro con las direccionales enloquecidas; cuando anuncia que van para la derecha, van en sentido contrario, o viceversa, y los del Polo se esconden en el baño, creyendo que, ahí, las llamas no los van a alcanzar.
El Polo, con la posibilidad de tener la mayor iniciativa política —por la autoridad que le da no tener ni una sola persona procesada por la parapolítica, haber contribuido a la congelación del TLC y haber evitado las implicaciones nefastas de Carimagua—, se ha quedado petrificado, dejando la sensación de que importa más sostener las curules de sus parlamentarios que apostarles a iniciativas realistas y posibles que le den salida a la crisis. Estoy seguro de que para la mayoría de parlamentarios esa lógica es la que funciona.
Me dirán que no es cierto y que han propuesto una asamblea constituyente, acompañada de la revocatoria del mandato del presidente Uribe. Si en este incendio el cuento de la silla y el umbral ha parecido más una cortina de humo para negar el calado del escándalo, esta actitud del Polo parece más de lo mismo. ¿Una constituyente sobre qué? ¿Una nueva Constitución negando la que ha hecho posible que existamos, como es la del 91? ¿Promover reformas para echar atrás las contrarreformas que le han hecho a ésta durante los últimos diecisiete años? ¿Tumbando a Uribe, el espacio que se abre es el de una asamblea constituyente que se convierte en un escenario de reconciliación nacional?
Ni Uribe va a renunciar —salvo que sea para reelegirse proponiendo un nuevo Congreso, su nueva coalición y haciendo su propia constituyente, consignando en ella el estado comunitario como principio rector— ni la guerrilla, con su impresionante impopularidad está para liderar procesos insurreccionales.
Mientras el país se derrumba, el Polo ni siquiera está de rumba. Se opone a la circunscripción regional para elegir senadores y al aumento del umbral, siempre con el criterio de bonsái: chiquito y delicado. Pasan de agache frente a la andanada de Uribe contra Petro, Iván Cepeda y León Valencia. Sus dirigentes deliberan con la velocidad de aquel que para morirse de repente dura seis meses. Establecen unos retenes para el ingreso de nuevas expresiones políticas de la vida nacional propias de un laboratorio clínico y terminan echándoles la culpa a los demás de sus dudas, como sucedió en la marcha contra las Farc del 4 de febrero.
Los partidos son absolutamente necesarios para acabar mesianismos y para constituirse en receptores de las expectativas ciudadanas. Pero tienen que estar sintonizados con la gente, pues de lo contrario pueden disolverse por orden presidencial o por ineficaces. Para no ser ineficaces, para que no cunda el desconcierto y para que la coyuntura no nos mande a saltos al vacío, se requiere un acuerdo nacional liderado por los Gaviria —César y Carlos—, con el presidente Uribe, éste a nombre de su maltrecha coalición, para que de manera constitucional y extraparlamentaria propongan una reforma política de fondo. Para ello, Carlos Gaviria tiene que perder el miedo de acordar con el contradictor principal y Uribe tiene que desistir de su reelección.
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Luis Eduardo Garzón





El señor Luis Garzón no puede venir ahora a desconocer la labor que vienen desempeñando los congresistas del PDA frente a la afrenta del gobierno de uribe y sus secuases, o fue que se le olvido al señor garzón la pelea con el ministro de agricultura, sobre carimagua, o la lucha contra el TLC, las denuncias contra la privatización de la salud en todos sus generos, y muchas otras tareas realizadas por el polo en su conjunto, grave si es que este personaje este por fuera del partido despotricando contra lo que el llama el partido que según el mismo fundo, si cree que tiene la razón, de el debate al interior del mismo y no ande desfigurando el partido que eso solo le sirve a la derecha, a la cual usted esta muy empeñado en representar, lo que usted hace señor garzón le hace mucho daño al PDA.
Comment by humberto gutierrez — May 16, 2008
Llámense como se llamen: POLO DEMOCRATICO, Partido de la “U” , partido conservador, partido liberal, y todos los repartidos que van para desaparecidos, hacen parte de lo que por décadas ha sido una ciudadanía desamparada por el estado, pues cuando a los grupos armados ilegales y a los grandes señores del narcotráfico les fue permitido codearse con los estamentos sociales de todo orden: políticos, culturales, socioeconómicos, deportivos y también los gubernamentales, se convirtieron en tácita simbiosis de un mal necesario al estar involucrados ya como partícipes en los grandes negocios nacionales e internacionales, que estarían moviendo al mismo tiempo una gran masa en mano de obra; que a su vez estaba ayudando a equilibrar una tasa de desempleo proveniente de la ruptura empresa trabajador con los resagos de una ley 100, cuando hicieron anochecer más temprano, cuando miles de generadores a gasolina ayudaron a contaminar más la capa de ozono con el larguísimo racionamiento de la energía eléctrica, unido todo al factor desequilibrante de la libre apertura que cogió al sector empresarial en pantaloncillos para hacer frente a una avalancha de productos que llegaron al país para ser acaparados por unos dineros subterráneos que facilitaban la competencia desleal y un auge en el contrabando que desbordaron todos los cálculos y las proyecciones que se movían ya dentro de una rutina financiera ponderada , poniendo a tambalear, así, hasta los grandes grupos financieros obligados por la presión del momento a crear alianzas estratégicas de todo orden- reingenierías- aumentos en tasas de interés y nadie dijo nada ante el gran descontrol en las tasas de inflación que llegaron a límites jamás esperados. Así montada aquella nueva pero ficticia economía se convirtió también en la gran generadora de empleo urbano, desestímulo para el pequeño agricultor e igual para el pequeño industrial, y en factor estabilizador, quien lo creyera, dentro de todos los desafíos de una globalización, también desequilibrante, que se avecinaba. Todos: buenos y menos buenos bajo una misma carpa. Si el Doctor Pastrana se saludó de mano con Manuel M., yo porqué no me puedo sentar a conversar con los señores Castaño, el señor Mancuso, el señor Macaco, don Berna, Don Diego, etc., etc., etc..? Si tantos fueron a innumerables reuniones al Caguán, porqué otros no lo harían sobre temas exploratorios de conveniencia nacional?. Fue en este juego con fuego que fueron cayendo en la trampa uno a uno de los metidos en la parapolítica. Pero es que en tales momentos aquellos señores tenían implícito rango y también tenían la sarten por el mango. Eran dueños de un poder paralelo, pero más convincente aún por la aureola intimidatoria de unas armas que aunque ilegítimas, ya sus portadores querían llegar a un marco de acuerdos con el alto gobierno para deponerlas. Allí si que tendría validez aquello de que “el que no está conmigo está contra mí”. Aquel ejercicio de una manera de co-gobierno en bastas zonas territoriales, casi que se convertiría en otra forma similar al “síndrome de estocolmo” para quienes en su primer momento quisieron acercamientos, quisas con las más sanas intenciones, dentro de los cuales fácilmente llegarían, más que a algunos acuerdos, a cumplir unas exigencias sopena de una vulnerabilidad que el gobierno en toda su legitimidad no estaría en capacidad asegurar. Así mezclado lo intangible del miedo, adornado por la fugaz aureola de compartir los connotados recintos de esa política que atrae pero que también abofetea, se diluye una realidad que no te hubiera llevado al banquillo si lo de ayer que fue permitido para todos no hubiese sido convertido hoy, para unos pocos, en una dolorosa afrenta. Víctor Manuel Herrera Castillo.
Comment by Víctor Manuel Herrera Castillo — May 24, 2008