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Destilados amargos. Por: Gustavo Duncan*
Tomado de EL PAIS.COM

La propuesta del Comisionado de Paz dirigida a resetear los partidos uribistas, como quien hace Ctrl–Alt–Del en el computador, plantea numerosas interpretaciones que, en últimas, revelan la naturaleza de la crisis de gobierno por la que atraviesa Uribe.

La popularidad del Presidente no es sólo una cuestión mediática. A Uribe le ha ido bien porque logró conciliar los intereses de diversos sectores de poder. Al establecimiento del centro del país, compuesto por los propietarios de los grandes grupos económicos, los medios de opinión y las clases acomodadas, el Presidente les devolvió la confianza en temas de seguridad, que era su principal preocupación. El repliegue de las Farc hacia las selvas del país es suficiente para que desde el establecimiento se siga respaldando, salvo una que otra disidencia, la gestión de Uribe y por qué no decirlo, una eventual nueva reelección. Otros asuntos como cuestionamientos en derechos humanos, la corrupción alrededor del círculo presidencial y sus sospechas de vínculos con paramilitares y narcotráfico son temas menores frente a la ola de respaldo que incita la sensación de seguridad y de prosperidad económica.

La opinión rasa del país, compuesta por toda la población que vota libremente para las elecciones presidenciales, también reconoce el liderazgo de Uribe. Para muchos de los habitantes de los pequeños caseríos, veredas y municipios de Colombia la contención de las Farc significó un cambio fundamental en su situación de seguridad. No era que iban a estar mejor económicamente que antes, sino que iban a dejar de padecer las amenazas de una escalada guerrillera. Más que pan, la Seguridad Democrática les dio aire. Y eso en política se reconoce. Además, el presidente Uribe ha tenido una habilidad inédita para interpretar los sentimientos del pueblo colombiano. Los consejos comunitarios pueden ser, en extremo, aburridos pero le llegan al corazón de la gente de las regiones.

Pero es en el tema del manejo de la clase política regional en que el Presidente comienza a flaquear. En Bogotá no se necesita el trabajo de los políticos para obtener el respaldo de la opinión, es una cuestión de medios de comunicación. Ningún industrial o ciudadano del común requiere del contacto con un profesional de la política para definir su voto. En provincia no es así. Para acceder a agua potable, educación o salud es necesario acercarse a un candidato y dejarse ‘persuadir’ acerca de cómo votar. Esa misma clase política es la que en el Congreso aprueba y respalda la agenda de gobierno de la Presidencia. Uribe era muy hábil manejándola, hasta cuando la parapolítica desintegró la coalición que lo respaldaba. Al día de hoy no sólo no tiene una organización política que respalde su agenda en el legislativo. Tampoco tiene cómo hacer aprobar los cambios legales y la movilización para una nueva reelección.

Por eso es tan urgente para el Presidente reconstruir una nueva clase política que lo respalde. No importa que sea la misma clase política clientelista con vínculos non sanctos con la criminalidad. Lo importante es que constituya mayorías durante su estadía en la Presidencia bajo un nuevo partido libre del escándalo de la parapolítica. Esa es la pata que le falta a la mesa para equilibrar las fuerzas que lo ayuden a gobernar y eventualmente a hacerse reelegir, así sus antiguos aliados políticos se resientan.

*Profesor de la Universidad de Los Andes.

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