Una verdad y una ruptura dolorosas, señor Presidente

Leon Valencia

Por
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO

El presidente Uribe me ha llamado públicamente a que diga la verdad sobre los amigos que tenía en la política cuando participaba en la insurgencia. Entiendo que el primer mandatario quiere mostrarle a la opinión pública que, quienes hoy llamamos la atención sobre el grave daño que le ha hecho la parapolítica a la democracia, también tenemos nuestro pecado. Quiero responderle al Presidente su llamado porque tiene razón en exigir que se cuenten todas las verdades.

Lo he dicho en muchas oportunidades. La izquierda colombiana en los años ochenta del siglo pasado -cuando ocupé puestos de mando en las filas guerrilleras- cometió también la grave equivocación de “combinar las formas de lucha”. A la vez que participaba en las elecciones y adelantaba una intensa labor política y social cultivaba relaciones con la insurgencia. Esos eran mis amigos.

Movimientos como la Unión Patriótica, A Luchar, Frente Popular y grupos cívicos regionales tenían nexos con las Farc, el ELN, el EPL y el M19. Esa es la verdad clara y llana. Mientras los grupos guerrilleros nos enfrentábamos a la fuerza pública en el monte y le producíamos daños a la economía, a la población y al conjunto de las instituciones, personas que compartían nuestras ideas y proyectos hacían política en la vida legal.

Es una verdad triste y dolorosa. Porque la izquierda pagó con la vida y con el exilio. El Estado no echó mano de sus leyes, no acudió al derecho, no persiguió a estas personas desde la democracia, sino que permitió, y en muchos casos impulsó, que fuerzas ilegales asesinaran a la izquierda.

En ese experimento murieron dos candidatos presidenciales, ocho parlamentarios, once alcaldes, trece diputados, setenta concejales y cerca de cinco mil activistas sociales y políticos. También se fueron del país otros miles. Agentes del Estado, paramilitares y narcotraficantes cometieron este atroz genocidio.

Muchos de los líderes guerrilleros, allá en el monte, sentimos en el alma este enorme descalabro y prometimos venirnos a la vida civil a buscar que nunca más pasaran estas cosas en nuestro país. Renunciamos a la violencia y a la “combinación de las formas de lucha”. Buscamos la firma de un acuerdo de paz.

También la mayoría de los dirigentes de la izquierda que habían visto morir a sus hermanos acribillados en las calles, en las plazas y en los aeropuertos, juraron romper todos los lazos con las guerrillas y dedicarse a construir una oposición civil. De ahí surgió el Polo Democrático.

No fue fácil dar este paso. La venganza es una pasión que medra en el corazón de los seres humanos. También la tendencia a mantener solidaridades con quienes hemos caminado un largo y azaroso trecho de la vida. Romper con los compañeros de guerrilla, abandonar el camino de la guerra, después de esa tragedia, significó un cambio radical en los valores. Fue nacer de nuevo.

Con esa decisión recuperamos la autoridad moral para hablar de paz y reconciliación en el país. Recuperamos el derecho a criticar a quienes utilizan la violencia. Confieso, sin embargo, que a veces he dudado de ese atributo, en muchas oportunidades les he preguntado a personas en quienes reconozco calidades éticas indiscutibles si es justo que persista en esta labor pública y he recibido su generoso consentimiento.

Por eso me metí en la investigación de la parapolítica y descubrí un horror sin nombre. Las elites políticas de muchas regiones se asociaron con grupos armados ilegales para apoderarse o mantener el poder local e influir en el poder nacional. En esa empresa, según la propia Fiscalía, desaparecieron a más de diez mil personas que hoy reposan en fosas comunes. Es una ignominia más grande que la acontecida en la dictadura del general Pinochet.

También el presidente Uribe está ahora ante el hecho difícil y tremendamente doloroso de romper abierta y públicamente con todos los grupos y dirigentes políticos que combinaron las formas de lucha en los últimos quince años. También está ante el reto de hacer a un lado a esos amigos y familiares que vulneraron de tal modo la democracia. La tarea más noble y generosa con el país es encabezar la formación de una derecha civilista.

lvalencia@nuevoarcoiris.org.co

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