¿Sin salida?

Por
León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO
El agua nos llega al cuello, pero no hay una salida fácil. En todos los corrillos se discute sobre el camino para salir de la crisis generada por la parapolítica y la expresión más generalizada es que no hay camino. El presidente Uribe puede, pero no quiere -y eso le impide buscar medidas acertadas y decentes-; los no implicados, críticos y opositores quieren -y quizás tienen fórmulas adecuadas- pero no pueden. La clave está ahí: reunir al que puede con los que quieren.
Claro, es una paradoja, un absurdo, pero esa es nuestra realidad. No se puede pensar en la superación de la crisis institucional sin un presidente que tiene el ochenta por ciento de la opinión a su favor, aunque los causantes de la crisis pertenezcan a su coalición política.
Tampoco se puede salir del atolladero sin la participación de quienes no están implicados en los estrados judiciales y por ello tienen la frente limpia para hacer críticas y la libertad para buscar alternativas orientadas a castigar a las responsables y a prevenir que estos fenómenos no se vuelvan a repetir. Nada sería legítimo sin su participación.
Esa es la encrucijada que enfrentamos. Hasta el momento el presidente Uribe ha buscado las salidas en su propio entorno y en los implicados. De ahí las grandes torpezas que en estos días ha cometido el Gobierno. Tratar de sustituir a los tribunales de justicia por otros nuevos, buscar la exoneración o el tratamiento benigno de quienes han incurrido en graves faltas, insistir en nivelar por lo bajo: señalando que en el lado de la izquierda también hay responsabilidades del mismo tipo.
A su vez, la izquierda y los más severos críticos del Gobierno, tienen la recóndita ilusión de que la crisis llegará hasta el Presidente y lo arrollará. Piensan que la solución está por fuera de Uribe y proponen acuerdos y pactos sin la presencia de Uribe y sueñan con propuestas que no requieran el concurso decidido del Presidente.
Uribe prescinde de las consideraciones éticas y la oposición prescinde del realismo. Mientras tanto la crisis es un caballo desbocado que tarde o temprano afectará la gobernabilidad interna y lesionará de grave manera la imagen internacional.
El acercamiento entre el Presidente y los no implicados, críticos y opositores, sólo se puede lograr a partir de concesiones mutuas. La salida es con Uribe, debe aceptar la oposición. Respetando y respaldando la acción de la Corte Suprema y de la Fiscalía, declinando una segunda reelección, promoviendo una reforma política de fondo, debe aceptar el Presidente.
Dirán los uribistas que esta es una abierta y descarada ley del embudo. Que las mayores concesiones se le exigen al Presidente que tiene en sus manos el apoyo de todos los factores de poder. Reconozco que tienen mucha razón en este reclamo.
Pero quiero defender mi posición con un solo argumento: Los implicados en los tristes y desastrosos hechos de la parapolítica son, en su inmensa mayoría, aliados del Presidente de la República.
Quizás también es ingenua. Parte de considerar que la ética es un ingrediente esencial de la política, cuando los políticos ven en la fuerza su principal argumento y salvación.
Un presidente que en la cima de su popularidad resuelve declinar aspiraciones propias, tomar distancia de sus amigos que han delinquido en forma grave y brindarle su mano a la oposición, es un acontecimiento extraño en la política. Pero la encrucijada en que estamos lo exige y lo amerita.
La tarea de los no implicados, críticos y opositores no es menos complicada. Porque en este campo están uribistas de primera línea, liberales e izquierdistas, que tendrían que hacer a un lado grandes diferencias y resquemores para juntarse y cocinar una reforma política y una convocatoria a elecciones parlamentarias.
Como se habrán dado cuenta mis lectores, en esta columna me concentro en la solución política de la crisis y les doy todo el protagonismo a los políticos. Es porque creo que la solución judicial está en camino y es necesario dejar que siga su curso, en cambio el terreno político es escabroso y lleno de peligros.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co


