La trampa de la silla vacía
Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Tomado de EL PAIS.COM
La iniciativa de la llamada ‘silla vacía’ con la que se pretende que las curules de los parlamentarios que resulten condenados por parapolítica no sean ocupadas por otros miembros de la misma lista, es otra forma tramposa de enfrentar el desprestigio del Congreso, así se proyecten sanciones adicionales a los partidos afectados, como devolución de dineros o pérdida de personería jurídica.
No está ni tibio el Congreso uribista si cree que con su artificiosa propuesta de la ‘silla vacía’ va a recuperar la legitimidad que perdió por cuenta de los congresistas que hoy están presos o investigados por vínculos con la parapolítica.
Es obvio que si hubo cientos de miles de votos conseguidos con el dinero y la intimidación paramilitar, entonces hay que anularlos, pero permitiendo que las sillas ocupadas por quienes recibieron favores ilícitos para llegar al Congreso, sean ocupadas por quienes en esa misma elección no pudieron llegar por el fraude. Dejar vacantes las sillas, priva de representación a cientos de miles de ciudadanos que votaron por candidatos limpios que se ahogaron en el proceloso mar de la parapolítica.
En otras palabras, no basta anular los votos sino que es preciso recalcular la composición del Congreso, pero computando los sufragios de quienes no tuvieron apoyo paramilitar, y allí sí definir, de nuevo, en poder de qué partido habrán de quedar esas curules.
La fórmula de la reforma política sería revolucionaria si llegan al Congreso los que se quedaron por fuera gracias al engaño de sus competidores. De adoptarse este camino reparador, por ejemplo, llegarían Peñalosa y dos más de su grupo, y nacería un nuevo partido político liderado por el ex alcalde, que aunque haya sido derrotado en las pasadas elecciones, aún tiene mucho por hacer en la vida pública.
La solución de las ‘sillas vacías’, sanciona a medias al partido responsable de la elección de parlamentarios paracos, pues termina castigando, de paso, a los otros aspirantes que participaron limpiamente en la contienda electoral, porque no les permite que se recalculen los votos obtenidos y se redestribuyan de nuevo las curules, de manera que puedan encontrar el espacio que inicialmente les fue negado.
Otro tanto debería ocurrir con esos parlamentarios no menos avivatos que renuncian a su curul para ponerse a salvo de la Corte Suprema y entregarse a las manos siempre benignas de una Fiscalía gobiernista, que apenas intenta incomodar a los críticos del régimen. Si renuncian a sus curules, también lo hacen a representar a las gentes que votaron por ellos y, por lo mismo, en este caso sería igualmente justo recalcular los votos para que ingresen al Congreso los voceros de aquellas colectividades que no llegaron, pero que, por no tener rabo de paja, sí pueden persistir en su empeño de no desertar de sus responsabilidades.
Para que la reforma política repare el daño institucional, tiene que hacerle justicia a electores y partidos que compitieron limpiamente. Lo otro es una farsa más para disfrazar la falta de legitimidad que acosa las huestes uribistas, desde Uribe para abajo.
***
Apéndice: ¿Yidis y Teodolindo a la cárcel?



18 April, 2008 — julián mejía botero — Escribió
La silla vacía es, sobre todo, una estrategia para impedir que los partidos pequeños lleguen al congreso. Es el caso del Polo que ganaría dos curules (Guillermo Alfonso Jaramillo y Gloria Cuartas) y otros partidos pequeños que llegarían o aumentarían su participación.