Fronteras físicas y humanas
Eduardo Pizarro Leongómez. Columnista de EL TIEMPO.
Ecuador debe excusarse por permitir que desde su territorio se afectara a Colombia
Correa pretende que la opinión mundial se olvide de dos hechos muy graves.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha puesto nuevamente en el congelador el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Colombia mientras se aclara si el cadáver del supuesto cantautor de las Farc, ‘Julián Conrado’, trasladado a Bogotá junto al cuerpo de ‘Raúl Reyes’, es, en realidad, el electricista quiteño Franklin Aizalia.
Su tono es amenazante. Según Correa, se trataría de un “asesinato de un ecuatoriano en suelo de Ecuador por fuerzas extranjeras”. Y exige duras sanciones. Correa pretende que la opinión pública mundial se olvide de dos hechos muy graves. Primero, que desde los campamentos de las Farc situados en territorio ecuatoriano se atacaba y asesinaba a ciudadanos colombianos. Segundo, que de ser cierto que el cadáver corresponde al electricista quiteño, esto mostraría que ciudadanos ecuatorianos colaboran con la guerrilla colombiana.
En el debate en torno al ataque contra el campamento de ‘Raúl Reyes’ se han confrontado dos visiones en torno a la seguridad: una visión tradicional esgrimida por Quito, la cual se limita a la integridad territorial. Y una visión más moderna esgrimida por Bogotá, fundamentada en la seguridad humana.
Tradicionalmente, en América Latina se habían desarrollado dos nociones de seguridad.
Por una parte, la noción más antigua y tradicional que pone el acento en la defensa del territorio frente a potenciales agresiones externas. Es decir, una noción según la cual seguridad y defensa militar son dos caras de una misma moneda.
Esta noción sufrió una transformación drástica tras la revolución cubana en 1959, que introdujo a América Latina de lleno en la guerra fría. En estos años, emerge la nefasta Doctrina de la Seguridad Nacional. El “enemigo interno” reemplaza al potencial enemigo externo que amenaza la seguridad territorial. América Latina debe orientar, según la Casa Blanca, todos sus esfuerzos a liquidar a los movimientos comunistas internos que amenazan la estabilidad regional. Con la DSN pasamos de las fronteras físicas a la idea de las “fronteras ideológicas”, en donde la confrontación entre Washington y Moscú, entre el capitalismo y el socialismo, es lo que determina los lineamientos ideológicos y las políticas de seguridad. La DSN se derrumbó a la par con las sanguinarias dictaduras militares que alimentó en toda la región en aquellos años, con excepción de cuatro países: México, Costa Rica, Colombia y Venezuela.
Frente a las limitaciones manifiestas de la seguridad limitada a la defensa nacional y a la seguridad vista como un escudo frente al “enemigo interno”, en los últimos años se ha venido desarrollando en todo el mundo una nueva visión: la llamada seguridad humana.
Esta noción tiene múltiples raíces. Uno de sus principales fuentes fue el Informe sobre el Desarrollo Humano de 1994 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que estableció el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Esencialmente, la seguridad humana significa una vida libre de amenazas y con una plenitud de derechos que permitan la realización del hombre y la mujer. Se trata de una noción integral que se articula en torno al destinatario final de la seguridad: el ser humano.
Según esta mirada, la responsabilidad hoy en día de las políticas de seguridad no se limita a la defensa del territorio frente a amenazas externas. Es indispensable, además, proteger a los individuos que componen la comunidad nacional. Y es innegable que los colombianos estaban siendo amenazados desde los campamentos de las Farc en territorio ecuatoriano, con la complacencia o no de las autoridades de Quito.
Colombia ofreció excusas por el ataque al campamento de ‘Raúl Reyes’ y se comprometió a no repetir este tipo de acciones. Ahora le toca el turno a Ecuador de excusarse con Colombia por permitir que desde su territorio se afectara la vida de los colombianos. Más de 40 ataques así lo atestiguan.
Eduardo Pizarro Leongómez












