Emmanuel, el hijo de la guerra
Carolina Gutiérrez Torres
Tomado de EL ESPECTADOR. COM
Recién nacido, el enfermero de la guerrilla lo llevó al campamento de los policías y militares secuestrados por las Farc, que estaba contiguo al lugar donde permanecía la madre, Clara Rojas, y los otros políticos retenidos por el grupo guerrillero.
“Emmanuel era un niño blanquito y flaquito —dice John Frank Pinchao, intendente de la Policía que escapó de las Farc el 28 de abril de 2007, después de ocho años de cautiverio—. En el nacimiento tuvo un problema con el bracito, lo jalaron mal, entonces tuvieron que ponerle una férula”.
Lo llevaron al campamento, porque los militares le tenían regalos hechos con sus ropas descosidas: gorras, sudaderas, sacos, hasta ropa interior. “Cuando nos vio, empezó a llorar. El guerrillero lo cogió, y así se calmó”.
Pinchao sólo estuvo cerca de Emmanuel unos meses porque helicópteros del Ejército empezaron a sobrevolar la zona y todos tuvieron que desalojar el campamento. Durante veinte días, políticos, policías y militares secuestrados caminaron hasta llegar a otros campamentos, donde fueron separados en grupos de diez rehenes. Desde ese momento, Íngrid Betancourt y Clara Rojas estuvieron separadas. Durante la caminata, una guerrillera, siempre adelante, llevaba al pequeño entre sus brazos. Esa fue la última vez que Pinchao lo vio, pequeñito y flaquito todavía.
Según las cuentas de Pinchao, Emmanuel nació a principios de 2004 en un campamento que llamaban Caño Caribe. El país sólo tuvo noticias de él dos años más tarde, en abril de 2006, cuando el periodista Jorge Enrique Botero publicó su libro Últimas noticias de la guerra.
Según el libro, el parto fue en una trinchera, en medio de un enfrentamiento. Clara Rojas “aseguraba que su bebé se había dado vuelta por los brincos del bombardeo (…). Fue un parto en la oscuridad, alumbrado sólo por los bombardeos que caían sobre nuestro pedazo de selva, con el chinito que no salía y la madre rogándome que le hiciera una cesárea; yo, sin herramientas, a duras penas con los cuchillos de la rancha y el hilo de reparar los equipos (…). Cuando la criatura pegó el primer berrido, yo sentí la alegría más grande que recuerde”, dice el libro, citando el testimonio de una guerrillera llamada Solangie.
El periodista Botero señala que el género de su obra es “periodismo de ficción”, con el fin de justificar los detalles inexplicables que da en el libro. Conversaciones entre el padre del niño —un guerrillero raso, llamado Ringo en el texto, uno de tres hermanos guerrilleros nacidos en el barrio Policarpa de Bogotá— y su hermano, o confesiones como ésta: “Ayer pude ver a doña Clara de lejos, cuando la trasladaban a otro campamento. Me pillé la barriga que tiene y me quedé pensando: ‘Ahí va mi hijo’ ”.
También, a través de este texto, las declaraciones de Manuel Marulanda, Tirofijo, sobre el nacimiento de Emmanuel, tuvieron eco en todo el mundo. “La criaturita es mitad de ellos y mitad de nosotros”, sentenció el jefe máximo de las Farc.
Sólo hasta el 18 de mayo de 2007 las Ultimas noticias de la guerra pasaron de las páginas del libro a un testimonio vivo, de no ficción. El intendente Pinchao confirmó la existencia del pequeño, “al que algunos guerrilleros bautizaron (un rato después del nacimiento) ‘Bombardeo Rojas’, y otros, ‘Acuerdito humanitario’”, según la obra de Botero. El verdadero nombre del niño sólo se sabría por las declaraciones de Pinchao, quien reveló que el pequeño nacido en la selva se llamaba Emmanuel, el rehén más joven del mundo.
Cuando se difundió la noticia, Clara González de Rojas, la abuela, conmovida, dijo: “¿Quién como madre no siente deseo de abrazar a su hija, de apoyarla en la maternidad? Siento dolor, porque tengo y no tengo… no puedo darle la bienvenida a mi nieto, no puedo desplegarle todo este afecto que siento. Los hijos y los nietos son la prolongación de nuestra existencia. Mi familia necesita conocer a Emmanuel, hijo de mi única hija mujer, de quien también me han alejado”. Desde entonces las noticias, las declaraciones del Gobierno y los comunicados de los actores en conflicto la han ilusionado y herido, indistintamente. Por eso ahora, en silencio, con discreción, espera la llegada de la hija y el nieto. Aguarda el final de una espera de cinco años y diez meses.




