LA TELARAÑA
WILLIAM OSPINA
Tomado de Cromos.com
Yo no sé si existirán antecedentes de ejércitos rebeldes capaces de conservar rehenes durante diez y más años, o si ese es otro de los tristes récords de nuestra guerra interminable.
Estos rehenes, aunque la guerrilla los compare con sus propios guerreros presos en las cárceles, tienen en realidad un carácter muy diferente. Todo guerrillero preso ha sido juzgado por sus actos, con base en una legislación que todos conocemos y que todos tenemos el deber de acatar o el deber de modificar por los caminos de la democracia; en cambio ningún secuestrado sabe por qué es responsable del estado de cosas que la guerrilla dice combatir. Algunos, como Íngrid Betancourt, incluso han sido críticos frente a dicho estado de cosas, pero eso a la guerrilla no parece importarle. Ningún guerrillero en las cárceles está totalmente incomunicado, ni está expuesto cada día a morir por combate o por ejecución. Los secuestrados son corderos expiatorios atrapados al azar de la guerra para encarnar y pagar las consecuencias del conflicto, y para ser piezas de un insano forcejeo bélico.
Tal vez en algún momento la captura de rehenes fue por parte de la guerrilla una estrategia económica o política, ahora es a todas luces un inhumano recurso militar y se diría que una cruda estrategia de supervivencia. Todo indica que en este momento los secuestrados en poder de las Farc son el único instrumento que esa guerrilla tiene para hacerse oír y para tener algún peso en la realidad de Colombia y del mundo. Hay quien piensa que si la guerrilla los entregara quedaría harto vulnerable ante la arremetida del Ejército nacional, que no solo ha logrado recuperar para la ciudadanía el paso por las principales vías del país sino que ha conseguido una considerable reducción de los secuestros y las masacres obrados por guerrilleros y paramilitares, y un repliegue de la guerrilla de buena parte del territorio; pero tal vez esa entrega le devolvería a la guerrilla algo de su humanidad perdida en la telaraña de la guerra.
Alguna vez, en tiempos del Caguán, le preguntaron a Jorge Briceño cuándo entregaría las armas y él contestó: “¿Usted cree que si yo no estuviera armado estarían hablando conmigo?”. Con la misma lógica implacable si alguien les preguntara hoy por qué no liberan a los secuestrados, los guerrilleros responderían: “¿Usted cree que si no tuviéramos a esos secuestrados nos harían algún caso en Colombia ni en el resto del mundo, nos buscarían los mediadores de paz, nos recibirían en los palacios presidenciales, seríamos objeto de alguna alocución por parte del Elíseo?”.
Ello nos lleva a dos crueles comprobaciones. Por una parte, los instrumentos de guerra de la guerrilla eran antes los asaltos a pueblos y la toma de bases militares, ahora su principal arma es la utilización y la exhibición del sufrimiento de sus víctimas y la amenaza continua de sacrificarlas en caso de que el enemigo dé un paso al frente intentando el rescate; por otra parte, ello parece significar que la guerrilla ha renunciado a toda acción política y ha sucumbido a la mera dinámica de una guerra insensible. Resulta ilusorio por ello pensar que pueda liberar a los secuestrados como un acto de buena voluntad. Esto lleva a los analistas a suponer que las Farc van a cobrar muy caro por sus rehenes, aunque nadie sabe muy bien qué precio podría ser ese.
El discurso de Sarkozy por la televisión dirigido a Manuel Marulanda es inteligente y bienintencionado, pero difícilmente podrá ablandar a un hombre que ha estado en guerra medio siglo y que lo está midiendo todo en términos de su supervivencia militar y política. Antonio Caballero ha dicho que la alocución de Sarkozy es una mera estratagema mediática porque Marulanda no puede ver la televisión francesa, pero nadie ignora que internet existe y que a estas horas ya Marulanda debe haber visto y analizado el video, con su traducción al español.
En realidad Sarkozy le ha dado a nuestro arrebatado presidente Uribe una lección de política: sabe que si le va a pedir al guerrillero la liberación de Íngrid Betancourt es más persuasivo decirle “Señor Marulanda” y no bandido sin entrañas; en segundo lugar ha procurado dejar muy en claro que no comparte sus ideas y que condena sus métodos; en tercer lugar ha creído conveniente recordarle que “ninguna lucha se justifica si no tiene como fundamento el respeto de la dignidad humana”; y en cuarto lugar ha tenido la inteligencia de decirle que a cambio de la liberación de Íngrid y de los otros secuestrados él está dispuesto a comprometerse en un esfuerzo a fondo por la paz de Colombia.
Esta es una promesa importante para una guerrilla que hoy por hoy está presa en su propia telaraña. Si entrega a los secuestrados su guerra volverá a ser invisible, pero si no los entrega, su visibilidad la hará cada vez más odiosa a los ojos de la comunidad internacional y cada vez más repulsiva como proyecto político a los ojos del mundo. No se puede torturar inocentes durante años y seguir pretendiendo ser una fuerza política verosímil. Aunque es difícil pensar que la guerrilla pueda cambiar su estrategia, que a cambio de una actitud más favorable por parte de la comunidad internacional y más indulgente por parte de la propia ciudadanía, acepte liberar a los secuestrados y atenúe con ello su imagen torturadora, Marulanda no puede ignorar que la actual situación le está brindando la oportunidad de cambiar en algo, no solo su imagen sino el curso de una guerra cansada y degradada.
Mientras tanto, la suerte de los secuestrados sigue en incertidumbre y agonía, y el precio de la seguridad democrática parece ser la prolongación ab eternum de una guerra que consume buena parte de los recursos del país y pospone sin fin su modernización. Pocas veces se ha visto que un hecho tan positivo para todo el mundo como el intercambio humanitario (que traería felicidad a miles de hogares, fortalecería la posición del gobierno, daría un prestigio mitológico a Sarkozy en Francia y en Europa, dejaría satisfechos a los norteamericanos, y hasta atenuaría un poco el perfil atroz de la guerrilla) encuentre tantos y tan misteriosos obstáculos.



27 January, 2008 — Jorge Isaac — Escribió
Con todo el respeto que usted se merece, por su hondo y agudo estudio sobre la realidad del país y teniendo en cuenta el trato inhumano del que son objeto los secuestrados por las FARC, yo quiero hacerle una pequeña pregunta: ¿No cree usted, y quienes leen éste blog, que a éste lado del río, también somos muchos los secuestrados que vivimos víctimas de la pobreza, la exclusión y la barbarie, orquestada por un gobierno ilegítimo que emerge en el panorama como la “otra FARC”? ¡Qué vaina!