También por las ausentes, Ingrid y Nidia Erika

- Por Nidia y por Ingrid, ambas ausentes en estos tiempos, por ellas, por su dignidad violentada, paz y esperanza en la mesa de los colombianos en este fin de año. Este país se merece un mejor destino. Un destino por el que ambas lucharon.

- El senador del Polo Alexander López, VicePresidente de la Comisión de Derechos Humanos, hace una reflexión del año que termina y lo hace invocando el drama de dos mujeres que en épocas distinas y por causas diferentes, sufrieron las tragedias del secuestro y la desaparición forzada.

Domingo 16 de diciembre de 2007

Se acerca el fin del 2007, estamos clausurando la legislatura del Congreso de Colombia y se inicia un periodo de celebración familiar y navideña. Empezamos a realizar el balance del año, de aquello que hicimos, de aquello que no hicimos, lo que nos falta todavía por realizar, los pequeños y grandes logros que alcanzamos.

Y en este cierre de año 2007 quiero compartir con mis lectores la reflexión que presenté el pasado martes 11 de diciembre en la plenaria del Senado de la República, a propósito del Día Internacional de los Derechos Humanos. Desafortunadamente el 2007 concluye en medio de una de las peores crisis humanitarias de la historia reciente de Colombia, lo cual ya es mucho decir, porque Colombia es un país acostumbrado a las crisis humanitarias.

Pero en esta ocasión, se trata del drama de aquellos que se encuentran privados de su libertad. Aquellas víctimas del secuestro, de las desapariciones forzadas, de la persecución política, del encarcelamiento, del desplazamiento forzado, que en Colombia se cuenta en millones de personas. Todos aquellos que por alguna razón u otra, no estarán en este fin de año con sus familias, en sus casas, en sus territorios. Aquellos que han sido forzados al cautiverio y cuyas esperanzas de retornar a sus espacios naturales, se desvanecen inevitablemente con el paso de los días.

Indudablemenente que la figura de Ingrid Betancourt y sus 46 compañeros de cautiverio nos señalan de manera dramática en que país vivimos y en que país celebraremos las festividades de fin de año. Todo hace pensar, que en vísperas de año nuevo, cuando estemos brindando con nuestras familias, Ingrid estará en algún lugar de la selva, más sola y pérdida que nunca y con ella, miles de personas, que aún no retornan a sus hogares que los esperan como si fuera el primer día de su desaparición.

Quisiera proponer en este fin de año que brindemos por la vida de Ingrid Betancourt, por la vida de todas las personas que se encuentran en poder de las FARC y que como ella, sufren en carne propia el embate y el dolor de una nación acostumbrada a los crímenes de guerra. Pero al lado de Ingrid propongo también el nombre de Nidia Erika Bautista, que como ella, fue madre, mujer, militante del M-19, colombiana, raptada en el barrio Kennedy de Bogotá por efectivos del Ejército Nacional el 30 de Agosto de 1987, torturada, violada, y desaparecida por estos militares, en uno de los más graves crímenes de Estado realizados en la historia de Colombia. Nidia Erika Bautista refleja en su tragedia el drama de los más de 15000 desaparecidos forzados en Colombia que nunca son mencionados en los grandes titulares, que no hacen parte de los grandes discursos oficiales, para quienes no habrá retorno a sus hogares.

Miles de personas que salieron un día de sus casas y nunca han retornado a sus hogares y que reposan en las fosas comunes, en los rastrojos, ríos, caños, los extramuros de sitios poblados, las caballerizas, bodegas, los canales, los diques… en una impunidad desoladora. Y sin embargo, no habrá poder humano que logre borrar del imaginario de la nación, la imagen de Nidia Erika el día de su desaparición, instantes antes de ser capturada viva por el Ejército, mientras celebraba el cumpleaños de su hijo. La luz que ilumina a Ingrid en la selva ilumina también a Nidia Erika en la fosa común en Guayabetal, Cundinamarca, donde se dice que fueron encontrados sus restos.

Por Nidia y por Ingrid, ambas ausentes en estos tiempos, por ellas, por su dignidad violentada, paz y esperanza en la mesa de los colombianos en este fin de año. Este país se merece un mejor destino. Un destino por el que ambas lucharon.

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