Ese gran cadáver caído de espaldas

Carlos Andrés Echeverri Restrepo
caer75@gmail.com
14/12/2007
En política existe algo indiscutible y es que todo en ella es discutible. ¡Bueno! casi todo, desde razonables dogmas estériles o fecundos, en cuanto a su capacidad de allegar simpatizantes de fe a sus causas, hasta el más baladí de los planteamientos políticos. Por lo tanto se deduce que en política casi toda apreciación es subjetiva, o relativa para ser más precisos, lo que aparenta ser una posición de izquierda desde otro punto puede considerarse como una de derecha o viceversa. Lo que cuenta entonces es la habilidad del profesional de la política en volver problemático lo que aparentaba no serlo para esperar a que su posición sea respaldada por una mayoría dominante en cada campo -en el propio Partido, en los medios de comunicación o en la ciudadanía en general- sumando así poder a sus empresas personales o colectivas.
Así debe interpretarse la diatriba proferida por Luis Eduardo Garzón contra una tendencia del Polo Democrático Alternativo (PDA), una intentona inicial en llevar a un sector mayoritario del Polo, a la gran prensa del país y a uno que otro fustigador irracional de la izquierda democrática, a pensar en él como una opción de consenso viable para ocupar la Casa de Nariño. Sin embargo, como ocurre en política, ni la excitación de una gran parte de la tendencia moderada del PDA o la prudencia acartonada del sector más “radical” con las declaraciones de Garzón, llevan a pensar en futuros ganadores o perdedores dentro del Polo. Creo que en este momento son más las coincidencias que los desacuerdos entre las dos corrientes representadas por Carlos Gaviria y Luis Eduardo Garzón: Ambos defienden el Estado Social de Derecho, ambos han rechazado la pretensión de un sector reaccionario de la derecha del país en ligar el proyecto de izquierda democrática con la infructuosa e inicua lucha armada, ambos coinciden en que se deben hacer reformas sociales, económicas y políticas para mejorar las condiciones de vida de los colombianos y ambos están arropados por la luz de un propósito que intenta la reconciliación de algunas fronteras ideológicas de grupos de izquierda con sectores moderados y progresistas de otros Partidos o movimientos políticos.
La diferencia, aparte del simple estilo de hacer política radica, por lo tanto, en el grado de distancia que debe tomar el Polo Democrático Alternativo frente a la figura de Álvaro Uribe Vélez. Para Garzón es claro que el reconocimiento de algunos logros del actual Gobierno y el coqueteo con personas atadas al proyecto del presidente como Luis Alberto Moreno, Francisco Santos o Lina Moreno son requisitos indispensables para abrir espacios en sectores tradicionalmente reacios a las propuestas de izquierda, mientras que para la corriente liderada por Gaviria este tipo de correspondencias o acercamientos son inaceptables por ser contrarios a caros postulados ideológicos del Polo. Una perceptible delimitación de los contornos con el Gobierno de Uribe le permitirá al Polo Democrático Alternativo afrontar, con brillo propio, la próxima campaña electoral por la presidencia de la República.
Lo que no puede ser ni relativo ni discutible, es que la izquierda democrática termine enferma de derechismo -apunte de Bernard Henri Levy- por el anhelo de poder. Por dignidad es preferible que siga siendo “Ese gran cadáver caído de espaldas”, como calificara Sartre a la izquierda en 1960, que “Un gran vivo caído de rodillas”.
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Quiero dar un saludo muy especial y un sincero agradecimiento al periodista Antonio Vargas por el inmerecido reconocimiento que me hiciera en su tradicional publicación. Espero que su tinta perdure otros 30 años o más, pues su encomiable y tenaz trabajo debe mantenerse para gusto de sus amigos, para ira de sus enemigos y como ejemplo a aquellos que piensan que no se puede hacer periodismo con libertad de opinión.
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