Peor que al comienzo
Alfredo Rangel. Columnista de EL TIEMPO.
Para el Gobierno resultaba inaceptable que las Farc recuperen protagonismo.
Es absolutamente lamentable que se haya frustrado la posibilidad de realizar pronto un intercambio humanitario. Y es más lamentable aún que esto haya sucedido a raíz de un incidente de orden puramente procedimental y protocolario. Los importantes avances que se estaban logrando tal vez obligaban a las partes a ser un poco más prudentes, pero también más tolerantes y comprensivas en los asuntos procedimentales.
Pero con todo y lo reprochable que haya sido el incidente de la conversación no autorizada de Chávez con el general Montoya, este solo hecho individualmente considerado no justificaría la ruptura de la mediación por parte del Gobierno colombiano. Hubiera sido una reacción desproporcionada. El hecho en sí pudo haberse mantenido en reserva y Uribe podría haberle transmitido un reproche vertical y tajante a Chávez advirtiéndole sobre las consecuencias definitivas que su repetición podría conllevar. Tampoco hubieran justificado la ruptura los ocasionales desbordamientos verbales de Chávez , aun cuando hay que reconocer que últimamente el Presidente venezolano estaba cumpliendo a cabalidad el pacto de silencio que acordaron con Uribe.
Pero lamentablemente la mediación aparece suspendida por un incidente que involucra al mediador, cuando en realidad la causa del rompimiento es un asunto más de fondo: para el Gobierno resultó inaceptable la recuperación del protagonismo y el reconocimiento político que las Farc estaban logrando con la negociación del intercambio humanitario. Las expectativas iniciales del Gobierno para realizar un intercambio rápido y discreto no se cumplieron. En su lugar, el proceso devino lento y las Farc estaban alcanzando un protagonismo no previsto por el Gobierno.
Nos equivocamos quienes pensamos que finalmente en el Gobierno estaba imponiéndose el pragmatismo necesario para aceptar unas conversaciones que inevitablemente iban a generarles unas ganancias políticas a las Farc. Creímos que el presidente Uribe ya había aceptado ese costo, pero la realidad es que el Gobierno calculó mal el alcance y la dinámica que llegaría a tener la exposición de las Farc a nivel nacional e internacional. Al final, Uribe consideró que este costo era impagable.
Craso error, porque en ningún caso es imaginable un escenario de intercambio humanitario sin una significativa ganancia política de la guerrilla, y si no se está dispuesto a pagar ese costo no habría ni para qué hablar del tema. A no ser que las Fuerzas Militares llegaran a poner a las Farc al borde del abismo y para evitar su exterminio las obligaran a liberar a los secuestrados sin contraprestaciones. En este caso, no habría un intercambio sino una liberación unilateral en los términos impuestos por el Gobierno. Pero, con todo y los éxitos recientes de las Fuerzas Militares en su lucha contrainsurgente, todavía estamos muy lejos de esa posibilidad.
Adicionalmente, son las circunstancias del conflicto las que imponen una negociación en medio de la confrontación armada. El Gobierno no puede argumentar entonces, como lo ha hecho, que acabó la mediación porque las Farc han continuado realizando acciones violentas. También las Fuerzas Militares han mantenido su ofensiva contra la guerrilla y hubiera sido inaceptable que las Farc hubiesen roto las conversaciones por este hecho. No hay que olvidar que el Gobierno y el Eln llevan cerca de dos años de conversaciones infructuosas sin que se hayan suspendido las hostilidades mutuas. ¿Entonces?
Muy oscuro se ve el futuro de los secuestrados y más lejana aún la posibilidad de unos diálogos de paz con las Farc, que tienen como precondición el acuerdo humanitario. Porque el Gobierno no solamente suspendió la mediación, sino parece que también ha descartado la búsqueda de un intercambio humanitario en el futuro. Ahora estamos peor que al comienzo.
alfredorangelsuarez@yahoo.com


